domingo, 20 de junio de 2004

Reportaje Patricio Polanco












Patricio Polanco, el hacedor de rating
MALANDRA


Si las productoras vendieran comida en vez de programas, las especialidades de Patricio Polanco serían los platos con harta pechuga, kilos de cebolla y sangre cocinada. Y su productora, Nuevo Espacio, la picá donde comprar bueno, bonito y barato. ¿Qué quien es Polanco? Pase y vea.

Por Miguel Paz / La Nación Domingo (20 de junio de 2004)

Muy pocos lo conocen, pero es uno de los reyes del rating. Ha creado programas exitosos para los tres canales grandes. Se llama Patricio Polanco y los gerentes de programación lo aman. Es uno de los que personifica la TV de industria. Su capacidad para picar la cebolla e intuir el gusto de la gente y reventar el people meter se ha vuelto leyenda. Quienes lo conocen dicen que es una máquina de hacer rating. Y tiene más historias que Mea Culpa, el programa de sangre y semen que creó y se convirtió en un clásico y levantó la imagen de su ex compinche Carlos Pinto. Y por si fuera poco es el responsable del aterrizaje en Chile del Publimetro, ese diario con más avisos que noticias que regalan en el Metro. Pato Polanco. Pato Malandra. Pato Bueno. Pato Malo... Mejor prenda la tele porque aquí comienza la “LND Hollywood story” del productor más exitoso y bajo perfil de la TV chilena.

EL HOMBRE SIN ROSTRO

Patricio Polanco debe estar como chancho en el barro. Este lunes comienza a emitirse por Canal 13, “Fénix, la fuerza de la vida”, su primer “docudrama” blanco. El reverso de “Mea Culpa”. El miércoles sale por las pantallas de Mega, “Hombre, secretos y verdades”, la continuación de “Mujer... rompe el silencio”, y en julio se estrena la nueva temporada de “Enigma” en TVN, el programa que resucitó a Guillermo Muñoz.

Un mes redondo para un hombre que aprecia el anonimato y que tiene línea directa con los peces gordos de cada canal. “Tiene ese perfil porque se contacta con la gente precisa”, dice un ex colaborador suyo. “En sus programas, por ejemplo, siempre aparece al final: cuando los créditos no se ven”. Y es que Polanco no necesita más que un llamado para estar sentado en las oficinas de Juan Carlos Altamirano, su amigo y gerente de programación prime de TVN; de Fernando Acuña, de la gerencia de desarrollo de Canal 13; o incluso de Jaime de Aguirre, otro gran amigo de Polanco, que cuando se mudó a Chilevisión le rogaba que le hiciera algún programa. “No se dio por falta de recursos no más”, recuerda Polanco.

Es el creador del formato “reality” de Mea Culpa, que ha multiplicado otorgándole un sello de éxito probado a sus programas. Según explica un productor de la competencia, “hace programas ideales para el deseo de los departamentos de programación: son baratos, son industriales, exitosos y no están preocupados de ser de gran factura artística. La fórmula rompe rating”.

Mea Culpa (TVN, temporadas ’93 al ’99), Brigada Escorpión (TVN, su único fracaso el ’97), Enigma (TVN, 2001 al 2004), Los Vigías del Sur (TVN, 2000), Mujer rompe el silencio (Mega, 2003-2004), En busca de... expedición a la aventura (Mega, 2003) y Esmeralda, en las profundidades de la historia (TVN, 2004), son algunas de las apuestas de Patricio Polanco, un tipo que casi no ha sido fotografiado y al que le disgusta el mundillo de la TV, pese a que creó a uno de sus mayores monstruos -en el mejor sentido de la palabra- Carlos Pinto. Pero el éxito empresarial de este productor no siempre fue igual de nutrido.

LOBO

A los 20 años, y tras pasar dos años en el campo de prisioneros de Pisagua debido a su militancia en el MIR, Patricio Alberto Polanco Polanco marchó a Bélgica sin un peso. Cuando volvió a Chile en 1987 lo hizo con los contactos que había creado en el exilio. “Conoció gente allá del PS, sobre todo en Bruselas y del exilio berlinés como Sergio Aguiló”, recuerda un ex colaborador. Además, conoció a Juan Pablo Cárdenas, por entonces director de la revista Análisis, y cuando regresa al país trabaja en la revista como asesor.

Del mundo de Análisis saldrían muchas de las relaciones que se repiten en la historia del Patricio Polanco productor. Allí conoce a Fernando Paulsen, con quien trabajó en El Triciclo de Canal 13, a Pamela Jiles, al asesinado mirista Pepe Carrasco, quizás uno de sus mejores amigos (de quien siempre mantiene una foto en su oficina), a Francisco Martorell (con el que trabajó en Mea Culpa y Publimetro), a Alejandro Guillier y al hijo de Carlos Altamirano, Juan Carlos Altamirano, hoy en TVN. Al mismo tiempo se va haciendo un nombre por su facilidad para conseguir cosas. “Era un increíble asesor logístico. ¿Máquinas de escribir? Polanco las consigue, ¿faltaba plata? Polanco se movía”, recuerda un periodista que prefiere no ser nombrado. Polanco es como Lobo, el personaje caracterizado por Harvey Keitel en Pulp Fiction. Es el que limpia la escena cuando se amontonaron los muertos y la sala se bañó en sangre. El que grita y reta a los demás. Que lisonjea si es obligado a hacerlo. El que previene. El que se mueve. Consigue y soluciona.

Una anécdota contada por el propio Polanco lo retrata. Cuando llegó a Chile, un grupo de amigos lo fue a recibir al aeropuerto. Su mujer y sus hijos bajaron del avión, pero él no salía. De repente aparece y le hace señas al grupo, que esperen un momento: “Traía unos computadores, una cachá de cosas. Le pasé unas platas a un tipo y, en vez de pagar como tres mil dólares de impuestos, que era lo que me iban a cobrar, al final pagué unos doscientos”, cuenta riéndose.

Ahí una doctora amiga suya dijo: éste es un malandra. - Y a partir de ahí quedé como Malandra-, dice. Polanco no ha perdido el interés por la política, pero siempre desde la TV. Amigo de Max Marambio, el empresario ex GAP, dueño de International Network Group, y de Carlos Ominami, realizó junto al primero la emisión televisiva de la transmisión de mando de Pinochet a Aylwin y participó en la campaña presidencial de Ricardo Lagos. “Le gusta estar con los que toman las decisiones y tienen el poder”, resume un cercano.

Al parecer le funciona. Al punto que ningún entrevistado quiso que reveláramos su identidad ante el temor de perder la pega. Es que el mundillo audiovisual cabe en un pañuelo.

En TVN, donde para presentar un programa hay que pasar por una serie de comités que a su vez le muestran el programa a los ejecutivos, “Polanco llega con el piloto directo a ellos”, dice una fuente del canal.

Tal nivel de contactos fue uno de los elementos que en las últimas temporadas de Mea Culpa fue detonando la molestia de Carlos Pinto, la estrella del programa. “Él no tenía esa llegada con Juan Carlos Altamirano”, dice la fuente. Un testigo del ascendiente de Polanco sobre el ejecutivo y del enojo de Pinto recuerda: “Una tarde iban saliendo del canal Pinto y Polanco en una 4x4 y se encontraron con Altamirano en el estacionamiento. Polanco le pregunta a Altamirano si vio los últimos capítulos del programa. Altamirano se quejó de que iban atrasados en dos capítulos. Carlos le dice que tiene problemas con la locución. Altamirano le respondió: “Bueno qué esperai, no podemos estar p’al hueveo tuyo”, a lo que Pinto respondió bajando la mirada. Altamirano ahí le dijo a Polanco: “Patito, mañana nos juntamos”.

Era 1999. Mea Culpa era número 1 del rating, pero las cosas entre el dúo dinámico no estaban bien. Como diría Pinto en sus clásicos cameos: todo hacía presagiar que ese año la historia cambiaría para siempre en la vida de estos dos seres.

SANGRE Y SEMEN

Si hubiera que hacer un símil de la dupla que se formó en Mea Culpa se podría decir que Patricio Polanco fue la sangre, la constancia, el que dosificó a gotas el morbo, y Carlos Pinto el semen, el talento fugaz, la explosión de lugares comunes “donde se fraguó el asesinato”. El resultado fue el programa más exitoso de la TV chilena (por más clisé que eso suene) que desapareció en medio de la lucha de dos grandes egos.

Carlos Pinto ex partner de Patricio Polanco.Mea Culpa estaba basado en un programa francés del mismo nombre, con un formato similar, que Patricio Polanco había visto en Francia. En la versión original, la presencia del conductor no era lo clave que fue con la participación de Pinto. Según un cercano a Polanco, cuando éste llega a Chile “el primer conductor del Mea Culpa iba a ser Santiago del Campo” pero los ejecutivos de TVN le dijeron que no. “Nosotros tenemos un compadre aquí que está dando bote, que se disparó en Informe Especial y que ha hecho unas cámaras indiscretas espectaculares, y que necesitamos darle continuidad”, dice.

Era Pinto.En 1993, pese a su pobre factura, Mea Culpa obtiene alta sintonía. Y el periodista descubre el sello que lo caracterizaría. “El toque cebollero Pinto”, más la intuición de Polanco producen una buena mezcla, dice un ex empleado de Nuevo Espacio. “Ellos sabían muy bien de qué tamaño picar la cebolla y en qué momento lanzarla para hacer llorar a las viejas. El Pato mismo decía “aquí las viejas van a llorar” o decía “muestra más potito, más tetita”, recuerda la fuente.

Mea Culpa se dispara temporada tras temporada. Algunas historias presentadas en el programa incluso generan que personas condenadas a prisión injustamente sean liberadas. Casos emblemáticos como el de Juana Candia, una mujer que mató a su marido en defensa propia, o el de un hombre inocente condenado por narcotráfico en Chañaral, son el símbolo del poder de Mea Culpa. El programa se convierte en un símil del Defensor Ciudadano. Pero, de pronto, el matrimonio comienza a tener sus primeros roces en las temporadas ’98 y ’99, mientras el programa seguía marcando alto rating. Y para peor, Pinto rechazaba las historias relacionadas con el tema político que le interesaban a Polanco “porque no tenían rating”, recuerda un periodista que trabajó en Nuevo Espacio. Así historias ya grabadas que después se emitieron en Enigma, como la del periodista Pepe Carrasco, eran rechazadas por el director-conductor. “En el fondo, Pinto quería quedarse con el programa”, dice el ex empleado.

Pero no podía. La marca Mea Culpa era de Nuevo Espacio y existía un contrato de exclusividad donde decía que el programa sólo se podía hacer con esa productora. Pero Pinto no quería. “La relación colapsó y llegó un momento en que Mea Culpa, marcando los mejores rating, se dejó de hacer porque la relación era insostenible: con Pinto sin ganas de hacer el programa y con Polanco diciendo que si no lo hacía él no lo hace nadie”, dice la fuente. Finalmente TVN se metió a dirimir la pelea y separar aguas.

Ahora que Carlos Pinto está en la cresta de la ola, Polanco sigue callado en lo suyo y esperando la salida de sus nuevos programas. Alberto Fuguet en una nota para Wikén, a raíz del éxito de “El cuento del tío”, habló del Método Pinto, la estrella Pinto, de “hacer un Pinto”.

Lo que al escritor se le escapó es que el Método Pinto existe en parte gracias al Factor Polanco, otro que todavía tiene el gustito por picarla finita y que este lunes, tal vez, volverá a romper los rating.

viernes, 11 de junio de 2004

Reportaje Wikén Rock & Rejas












Música en la cárcel
Esto sí es público cautivo

Por David Ponce / Wikén, El Mercurio (11 de junio de 2004)

Una gira de conciertos por prisiones no sólo sirve para descubrir a un público nuevo. Un gendarme músico, un padre juez, un vecino preso: cualquiera puede tener una historia de cárcel cerca. Como las que reúne el disco “Rock & rejas”.

En diez segundos más, Martín Erazo y otras siete personas van a quebrantar la ley. Están por entrar al Centro de Cumplimiento Penitenciario de Buin y al lado del grueso portón metálico un cartel prohíbe, entre otros artículos, “el ingreso de: sombreros y gorros, lentes de sol y no ópticos, disfraces, pelucas, postizos, ropa de mujer, calzado con plataforma, cosméticos” e incluso el ítem “mujer con pantalón y vestido a la vez”.

Es exactamente lo que traen Martín Erazo y sus socios. Por kilos, en mochilas, en maletas, en un furgón lleno de sombreros, anteojos, pelucas, vestidos y pinturas. Es el equipaje de La Patogallina Saunmachín, un grupo de hombres y mujeres que no sólo siempre se disfrazan, sino que cada vez se disfrazan de algo distinto. Ahora la acordeonista saldrá con sombrero y bigotes pintados. Esta vez será una fiesta adentro de la cárcel.

Es la mañana del miércoles 20 de agosto pasado en Buin, y está por empezar la gira “Rock & rejas”, un ciclo de conciertos en cárceles metropolitanas. La Patogallina Saunmachín, cuyo nombre es una evidente chilenización de la Miami Sound Machine, es el brazo armado de la compañía teatral La Patogallina. Brazo armado de instrumentos musicales: son la orquesta de la compañía, y actúan por cuenta propia y en montajes del grupo como “El húsar de la muerte”.

No será la única atracción de la tarde. De local jugará el Grupo Libertad, un conjunto recién creado en esta prisión, al alero de los populares Chacareros de Paine, folcloristas de la zona. Entre los Chacareros implicados está el sargento Gonzalo Loyola, quien, como su rango indica, además es gendarme. Son quince reos. De modo que no están en libertad. Pero están en Libertad. Y si las tres bailarinas están nerviosas, según confiesa una de ellas con una sonrisa, eso no es un problema para el sargento Loyola. Es más: es una ventaja.

- Ya les he dicho que el artista tiene que subir con un grado de nerviosismo al escenario. Porque si sube muy relajado se despreocupa - instruye. Poco después, La Patogallina Saunmachín y el Grupo Libertad inauguran la gira en el escenario de tablas del patio. La más joven de las bailarinas está por cumplir su pena y saldrá en unas semanas a la calle. Pero el sargento Loyola no quiere perderla.

- La idea mía es que, aunque se vaya en libertad, que ojalá sea muy pronto, no deje de venir.
- ¿Y ella está de acuerdo?
- Totalmente. Ya lo conversamos.

El pabellón de los que se tiran floreos mentales

En las canas chicas es más fácil, dice uno de los presos de Buin, y es cierto: las cárceles chicas no son como el Centro de Detención Preventiva Santiago Sur, más conocido como la ex Penitenciaría. La Peni. Aquí no hay grupo anfitrión.

- Aquí vienen los duros - se jacta un gendarme en el óvalo de la Peni, dos días más tarde, el 22 de agosto.
El óvalo es el patio interior. No es como las cárceles de las películas: es todo eso y aparte es pobre. Es un peladero bajo el sol: hay dos gatos pelados, hay dos árboles pelados y está rodeado de ventanas con rejas y viejos portones de fierro. Hace unos minutos esos fierros han sido abiertos y ha salido una masa de presos al patio, mientras otros quedan hacinados y aferrados a las rejas, golpean los barrotes y gritan. Aquí van a tocar hoy los Pettinellis.

El grupo va camino a la Penitenciaría en un furgón. Álvaro Henríquez, el cantante, estrenará una cueca llamada “Cadena perpetua”, que ha escrito un mes antes. No será su primera vez en una prisión. Hace tres años fue invitado a los talleres para presos del poeta Mauricio Redolés. Y mucho antes, los sábados en la mañana, visitaba la cárcel de Concepción con su padre, el juez Fidel Henríquez. Su primera visita habrá sido a los ocho años, calcula. La prisión quedaba frente a su casa, y Álvaro Henríquez se imaginaba a los presos adentro, los veía sacando la basura.

También recuerda haber leído desde chico expedientes y cartas de suicidas. Cartas con el encabezado “Señor juez”.- Claro - recuerda- , y mi viejo era el juez, pues. Un disco preferido de Álvaro Henríquez es “Murder ballads” (1995), del cantante australiano Nick Cave y su grupo, The Bad Seeds: un disco de baladas sobre crímenes. Algunas de sus propias canciones hablan de eso, como “Dos en uno” o “Pancho”. Y cuando en 1995 grabó cuecas de Roberto Parra en el disco unplugged de Los Tres, escogió entre ellas “El arrepentío”: la historia de un preso en la víspera de su ejecución.

Ahora, en el furgón, los Pettinellis se van poniendo camisa y corbata. En una hora más salen al escenario. “Estamos muy contentos de estar aquí sólo de visita”, saluda el cantante, y mientras el grupo toca “Sexo con amor” o “Ch bah puta la güeá” ven desde el escenario cómo el óvalo se vuelve un caos. Un preso persigue a otro a sablazos. Los evangélicos, reconocibles por una camisa blanca, una corbata y un libro bajo el brazo, se repliegan. Un loco baila en el techo con serio riesgo de caer. Loco no es una forma de decir: cuando luego baja a juntarse con sus compañeros, sus ojos están tan extraviados como su risa. Un gendarme explica.
- Ese es del pabellón de los que se tiran floreos mentales.

Pettinellis tocan ahora la canción nueva. “Se va la cuequita”, dice Henríquez, empieza la introducción del ‘Rock de la Cárcel’, de Elvis Presley, y parten los versos de “Cadena perpetua”. Los primeros tunazos fueron al cuerpo / Le molí con un gancho todos los huesos, dice una estrofa. Todos los huesos sí, quedó sangrando / La corté en pedacitos, salí silbando, otra. El tiempo dirá que es una despedida. Pettinellis se disuelve al año siguiente y ésta es la historia de su última canción.

En la cana no se habla de eso

Durante los últimos trece años, Luis Aguirre ha vivido preso. En 1990 fue condenado a dieciséis años por robo con violencia. Su hija nació en 1993. La engendró en un camaro: camaros son los camastros en los que el reglamento permite a los reos tener relaciones sexuales con sus mujeres. Ahora él está preparándose para salir después de trece años. Y en medio le pasó algo importante: entró al Opus Dei. No al movimiento católico: al grupo de rock Opus Dei, iniciado a comienzos de los ’90 en la cárcel por iniciativa de un sacerdote español, miembro del Opus Dei. No del grupo de rock: del movimiento católico.

Luis Aguirre está en la cárcel de Colina 2 y hojea un cuaderno manuscrito con letras de Franco Simone, de Chayanne y también suyas. Ésta la escribió para su mujer, por ejemplo. Dice: Sobre mis palabras, sobre mi corazón. Sobre lo que he tenido, sobre todo lo que soy, quiero poner tu nombre, quiero llamarte amor. Dice que igual merece una condena. “O sea, lleva tus pantalones bien puestos y asúmelo. Es lo mismo que yo con mi hija. No voy a querer que pase por lo que yo he pasado, entonces la quiero, pero voy a tener que ponerle mano dura”, dice. Y ya le tenía puesto un nombre para cuando naciera. Se iba a llamar Jean Vladimir. Pero un día vino su cuñada a la cárcel, a decirle que sería mujer.
- Tuve que buscarle un nombre. Le pusimos Stéfany. Teresa, Luisa, es muy común. Stéfany es más propio. Es como... “¡Stéfany!” Y fá, ella mira al tiro. En cambio, si entre hartos cabros chicos usted dice “Oye, María”, bah, miran como cuatro. ¿Sí o no?.

Esta tarde, en Colina tocará Mauricio Redolés, el poeta y rockero que dirige talleres para presos. Redolés ya tiene experiencia. Pero la ha obtenido por ensayo y error. Sólo tres veces ha preguntado a un preso por qué está preso. La primera vez fue en 1973, cuando él mismo cayó preso por ser militante comunista. Nunca fue buena idea preguntar. Los soplones preguntan, por ejemplo. Cuando hizo su primer taller, Redolés pidió a los presos escribir letras como las del grupo mexicano Los Tigres del Norte, que cantan corridos sobre crímenes y narcos. Y aún recuerda qué le respondieron.
- Me dijeron “En la cana no se habla de la cana” - dice- . Fue una gran lección, en todo caso.

Termina el acto y en diez segundos más Redolés va a respetar la ley.
- Gracias - se despide- . No nos importa por qué están aquí. Nos importa haber venido.

EN POCAS PALABRAS

El disco“Rock & rejas, sonidos desde la cárcel”, grabado entre agosto y septiembre de 2003 en nueve penales capitalinos, es un disco documental con canciones de doce músicos y grupos, libres y presos. Pettinellis incluyen “Cadena perpetua”, su última grabación; junto a Florcita Motuda, Mauricio Redolés & los Ex-Animales Domésticos, La Patogallina Saunmachín, DJ Raff & Solo Di Medina, Sinergia, Guiso, Los Rockers y Guachupé.