martes, 27 de junio de 2006

Artículo / Arcis después de la toma

La pugna por la hegemonía de la Universidad Arcis

MAX MARAMBIO, EL PC Y OTROS CHICOS DEL MONTÓN

La casa de estudios ofrecía libertad, diversidad, pluralismo y democracia. Un grupo de estudiantes se creyó el cuento, se tomaron la casa central y pusieron en jaque la educación de tres mil alumnos. Sin embargo, detrás de este absurdo, se esconde una lucha por el poder entre los socios de la corporación. La historia de un proyecto que ha navegado a bandazos entre el mercado y el discurso de izquierda.

Por Miguel Paz


Jueves 15 de junio. 16 horas. La escena no podía ser más surreal. El ex mirista y vicerrector de Planificación de la Universidad Arcis, Andrés Pascal Allende, encabezaba una marcha de estudiantes. Buscaban recuperar por la razón o la fuerza la sede principal de la Universidad en Libertad 53. Ésta había sido tomada el 23 de mayo a las 7:47 de la mañana por estudiantes de sociología, historia y derecho, entre otros. Eran cerca de 300 jóvenes. Según Antonio Morgado, vocero de la toma, querían mayor participación en lo académico y la democratización del gobierno de la universidad privada.

Ese jueves 15, casi un mes después de iniciado el movimiento, sólo quedaban 60 estudiantes al interior del edificio. Estaban dispuestos a resistir el desalojo con Carabineros autorizado por el rector Carlos Margotta. Pascal Allende, en tanto, arengaba a jóvenes contrarios a la toma para que rompieran la cadena que impedía la entrada. La tensión iba en ascenso. Pero tras intensas negociaciones la cosa no llegó a mayores. Los jóvenes, a quienes se ha sindicado como cercanos al FPMR, a grupos anarquistas y a lo que queda del Movimiento Lautaro, bajaron la toma. “Lo hicimos después que autoridades y académicos firmaron un petitorio para la democratización de la Universidad”, dice Morgado.

Después de vivir el peor momento de su historia, la casa de estudios intenta volver a la “normalidad”. Pero bajo el absurdo que un grupo reducido de estudiantes ponga en jaque un proyecto universitario que se proclama “de izquierda”, se esconde una crisis económica por administración deficiente, desde los orígenes de la Universidad, y amenazas de despidos a funcionarios y persecución a académicos simpatizantes de la toma, denuncia Edith Delgado, presidenta del Sindicato de Trabajadores.

¿Cómo se llegó a esto?

EL SUEÑO DEL RECTOR

La Universidad de Artes y Ciencias Sociales (Arcis) se constituyó primero como Instituto Superior de Comunicación y Diseño en 1982. La idea era promover un proyecto universitario de izquierda y contar con un espacio de cobijo para académicos y estudiantes opositores a la dictadura.

En 1989 el Ministerio de Educación aprueba formalmente su constitución como Universidad y en 1999 alcanza la autonomía. La Corporación Universitaria es presidida por el arquitecto Fernando Castillo Velasco. A la cabeza de la rectoría está Luis Torres, un discípulo suyo, de la época de la Reforma de la Universidad Católica en 1968.

A mediados de 2002 estalla la primera gran crisis de Arcis, cuando un grupo de estudiantes paraliza la Universidad y exige la salida de Torres. El rector se repliega en Arcis País, un ambicioso proyecto creado en 2001, con sedes en Chiloé y Valparaíso.

La idea de Torres era acercar la educación a habitantes de lugares alejados del país e ir disminuyendo poco a poco la relevancia de la casa central a medida que su proyecto iba desperdigando sedes por lugares como Cabrero y Portezuelo, -pequeño pueblito semirural de apenas un par de calles donde reside el padre de Joaquín Lavín- con carreras que no tenían nada que ver con su entorno. Así en Portezuelo, por ejemplo, se dictaba derecho y otras carreras que poco sirven para mejorar la agricultura, principal fuente de trabajo de la comuna.

Incluso, en su afán de separar Arcis País de su alma mater, Torres cortó las comunicaciones de las sedes con la casa central, promovió currículos propios y designó jefes de carrera... para carreras que ya tenían jefe de carrera y programas académicos establecidos.

Como en una postal de Fitzcarraldo en sus intentos por arrastrar un barco por el Amazonas, el delirio de Torres “provocó a la Universidad un desangramiento financiero”, recuerda el director de una de Escuela de Arcis.

“Fue una volada de Lucho”, reconoce Ignacio Vidaurrázaga, ex director de Arcis Chiloé. “Ahí esta idea de universidad de Estado de bienestar se quiebra. Se ve que hay que redefinir la universidad en términos administrativos y en términos políticos. La duda es como alentar la crítica y como contenerla para que no te estalle el conflicto en la cara”, dice.

INMOBILIARIA LIBERTAD

Tras la salida de Torres, Tomás Moulián, el intelectual más famoso de Arcis, se convierte en rector. Su llegada a dirigir la Universidad es aplaudida por la comunidad y genera esperanzas de cambio. Sin embargo, producto de la precaria situación financiera heredada del anterior rector, el autor de “Anatomía de un mito” se ve forzado a reducir costos y a despedir personal. Esto provoca protestas del Sindicato de Trabajadores que le “enrostran” su contradicción de discursear con la izquierda y firmar despidos con la derecha.

El año 2003 Castillo Velasco deja la presidencia del directorio de la Corporación Universidad Arcis. Lo reemplaza en el cargo Jorge Arrate y aumentan de 12 a 42 los integrantes de la Asamblea de la Corporación. El directorio se mantiene compuesto por siete miembros.

Debido a los problemas económicos de la Universidad y su déficit contable de 2 mil 300 millones de pesos, al año siguiente Arrate y Moulián buscan personas que quieran invertir en la entidad. Sólo el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, del Partido Comunista y a instancias de su secretaria general, Gladys Marín, y la Fundación Joel Marambio, presidida por el empresario y ex mirista Max Marambio, aceptan la propuesta.

Después de un “due dilligence” pedido por la Universidad a una empresa externa, su patrimonio es valorado en casi mil 600 millones de pesos. Pero como la Corporación es sin fines de lucro, sólo puede inyectársele recursos a través de donaciones o mediante la creación de una instancia que compra los bienes inmuebles a la Corporación, para administrarlos y arrendárselos.

Así, nace Inmobiliaria Libertad S.A. que compra los inmuebles de Arcis con un aporte de 600 millones de pesos de Fundación Joel Marambio, 600 millones de ICAL (provenientes de la venta de inmuebles devueltos al PC por el gobierno), y cerca de 320 millones contribuidos por Fundación Salvador S.A., empresa creada para estos efectos por los miembros de la Corporación, Jorge Arrate, Roberto Celedón y José María Bulnes.

El porcentaje de propiedad de la Inmobiliaria queda establecido en un 25% para cada socio y el 25% restante va a la Corporación Universidad Arcis.

LUCHA DE CLASES

Es aquí cuando comienzan los problemas, recuerda uno de los socios de la Corporación. “Cuando llegan el ICAL y Marambio piden estar no solo en la Inmobiliaria sino que también en la Corporación. Luego exigen tener la mayoría en el directorio de la Corporación y finalmente actúan como bloque”.

Esto, explica, rompe el compromiso de no hacer alianzas que la Corporación pactó con los nuevos socios para su inclusión en el proyecto. “Pero eso fue lo que hicieron cuando le pasaron la máquina a Roberto Celedón”, dice, aludiendo al conflicto que estalló entre los socios en abril pasado.

Un mes antes, Tomás Moulián había comunicado que por razones de salud tenía que dejar la rectoría y propuso para el cargo al entonces secretario general de la Universidad, Roberto Celedón. “Lo descarté de plano porque no está dentro de mis perspectivas de vida”, dice el abogado. “Entonces propuso a Jorge Arrate, cosa que apoyé”. En la misma reunión, asegura Celedón, “Juan Andrés Lagos y Max Marambio, de manera sorpresiva y sin que jamás se hubiese discutido, proponen una reestructuración completa de la dirección de la universidad a raíz de la salida de Tomás”. Asegura que esto fue planteado como un paquete en el cual Jorge Arrate asumiría como rector y él dejaría la secretaría general, para asumir tareas de contralor, y sería reemplazado por el economista, Galo Edelstein, cercano al PC, cosa que finalmente ocurrió.

“Pedí una explicación porque la propuesta no tenía fundamento alguno. Les dije: la Universidad y el directorio siempre ha operado en base a consenso, y ustedes pretenden imponer una decisión inamovible. Esto de alguna manera implicaba introducir una lógica de máquina política que nunca había operado en la Universidad, algo muy grave porque la institución es algo muy distinto a un partido político y ellos se habían comprometido a respetar la autonomía de la Universidad”, recalca Celedón, quien finalmente renunció al cargo en protesta.

En el ICAL difieren de la versión del abogado: “A Celedón se le pidió el cargo porque se necesitaba alguien con un perfil no sólo legal o político, sino que también administrativo”, y apuntan que esparce el rumor que la universidad está en crisis de gobernabilidad, argumento recogido por los estudiantes que hicieron la toma.

Como sea, la pelea dañó las confianza al interior de la Universidad y visibilizó entre la comunidad académica la verdadera lucha por el poder en que están enfrascados los socios de la Corporación. Quien salga victorioso de esta, definirá el destino de la institución.

QUÉ TE PASÓ MA(R)X

Sin embargo, ya hay bajas. Arrate, quien no quiso hablar con LND “para no entorpecer el proceso que está viviendo la universidad”, duró tres semanas como rector debido a las presiones del grupo que después se tomaría la sede de Libertad 53.

Aunque Arrate había sido votado de forma unánime por la Corporación y el Consejo Superior Universitario, los estudiantes irrumpen en una reunión y le exigen que vaya a una asamblea y aclare su proyecto universitario. “Él les dijo que su proyecto era el mismo que estableció el claustro del año pasado”, recuerda un cercano suyo. “Los alumnos aceptaron sus argumentos pero siguieron con presiones”.

Gabriel Salazar, candidato al premio nacional de Historia, y hasta hace poco Decano de la Facultad de Humanidades, tiene otra versión del hecho. “Los estudiantes hacen asamblea y exigen la asistencia de Arrate. Él no respondió y eso motivo que los alumnos le invadieran la rectoría gritando que saliera a conversar con ellos”. Esto respondió a las decisiones que tomó el directorio, “sin que mediase un proceso de evaluación de los postulantes”, asegura.

Salazar es uno de los sindicados por los directivos de la Corporación como “promotor” de la toma. Él lo niega tajantemente: “Jamás he promovido una toma. Soy académico. Pero la imagen que quedó después de eso, fue que había sido el gran instigador de la movilización estudiantil. Mi labor, si algo hice, fue tratar de sacar a los estudiantes de la rectoría para resolver el tema”.

En la Universidad no le creen y ya le pasaron la factura. La primera medida del recién asumido rector Carlos Margotta fue fusionar las cuatro facultades (Artes, Humanidades, Educación y Ciencias Sociales) en dos y pidió a los decanos que pusieran sus cargos a disposición. El argumento de Margotta es que “la universidad debe implementar una gestión administrativa eficiente y ordenada y para eso tiene que hacer una reingeniería”. No obstante, como Humanidades se juntó con Ciencias Sociales, Salazar en la práctica fue destituido.

“Me convertí en el gran chico expiatorio para la Corporación y el directorio”, dice el académico quien, al igual que la presidenta del Sindicato de Trabajadores, acusa una caza de brujas contra académicos y funcionarios que hayan de uno u otro modo simpatizado con la toma.

Ella misma asegura que ahora está sufriendo una práctica antisindical de su nuevo jefe, Jaime Insunza (hermano de Jorge, un líder histórico del PC), recién asumido como Vicerrector Académico y quien fuera expulsado del sindicato. “El día que él asume me dice que no quiere trabajar conmigo porque dice que tenemos malas relaciones. Hasta el minuto no recibo ningún trabajo de parte de él, cumplo horario y me tiene ahí parada, la política que usan todos los empresarios de derecha para cansar a los dirigentes sindicales”, explica.

Aparte de eso, lo que más preocupa y enrabia a Edith son los sueldos. Las autoridades arcianas ya le informaron que desconocen si a fin de mes habrá plata para pagarle a los trabajadores. Ella recuerda que cuando llegó Max Marambio a la Corporación, los trabajadores se vieron forzados a aceptar que les redujeran los sueldos. “Nos llevaron a negociar el contrato colectivo a su oficina en el Hotel Marriot. Nos pidió que nos bajáramos el sueldo en un 11% porque la Universidad estaba al borde de la quiebra y que era un gesto importante. Que así como él iba a poner plata que nosotros también cooperáramos. Los académicos contratados aceptaron y el sindicato logró que sólo bajáramos un 5% las remuneraciones. Su compromiso era que en enero de este año las remuneraciones volverían a como estaban, pero no ha cumplido”.

Al respecto, el empresario asegura que él sólo aplicó un acuerdo que había logrado Moulián, antes de retirarse de la institución. Pero para Edith el tema de fondo es otro: “Nosotros los trabajadores cedimos un porcentaje de nuestro sueldo. Si después te dicen que esta cuestión quiebra, ¿quién nos va a pagar las indemnizaciones por los años de servicio? Nos complica porque la universidad es tan débil que la inmobiliaria puede declarar la quiebra y se quedan con su capital y pierden los trabajadores y los estudiantes”.

Para quienes piensan como Edith la Corporación despejó las dudas en su última reunión del pasado viernes, donde ratificó a Max Marambio como presidente del directorio. Allí se acordó que la Corporación comprará de vuelta a la Inmobiliaria Libertad los bienes que le había vendido anteriormente. La idea, dice uno de los asistentes al encuentro en el Colegio de Profesores, “busca proteger la autonomía de la Universidad porque la comunidad no va a aceptar nunca que Arcis sea controlada con la mentalidad de un empresario o de un partido”. Además, los asistentes aprovecharon de sacar lecciones de la toma que casi hundió la Universidad de la libertad, la diversidad, la esperanza y los sueños de izquierda.

Hoy la consigna es renovarse o morir. Y eso dice el rector Margotta pasa por administrar bien y cortarla con el hippismo. “Le perdimos el temor a ser políticamente incorrectos”, dijo a este medio Max Marambio a la salida del cónclave tras asegurar que el proyecto de izquierda de Arcis “jamás se ha puesto en duda”.

1 comentario:

A.Ocampo dijo...

Yo quería felicitarte por este artículo. Lo leí en la nación y lo comenté con mi compañeros. Aunque tu no lo creas,los alumnos del Arcis no sabíamos la historia lineal. Que despues de todo es coherente con lo que insinúas en el articulo. Esa es la política del proyecto. Por otro lado, hoy por hoy, hasta los profesores invitan a dejar la U. Todo es Puro proyecto.