lunes, 2 de junio de 2008

Por qué el precio del petróleo seguirá subiendo

  • Una verdad incómoda

    Un informe de la Agencia Internacional de Energía advierte que sólo quedan reservas de crudo hasta el año 2035. En su reporte 2007 además asegura que el crecimiento vertiginoso de China e India impactará el valor del ‘’oro negro’’. El documento concluye entregando una proyección no menos sombría: las necesidades energéticas mundiales en 2030 superarán en más de un 50% las de hoy.
Por Miguel Paz / El Mostrador

En su edición del 17 de mayo pasado, la revista Qué Pasa se preguntaba “¿Qué pasaría si el petróleo llega a US$ 200?” por barril. La interrogante, hecha de modo hipotético a una serie de analistas, resaltaba como conclusión de los efectos inmediatos sobre la economía y la calidad de vida de los chilenos: crecimiento reducido a la mitad, aumento del costo de los alimentos, del precio de la electricidad, caída de entre un 7,0 y 10% de los ingresos familiares, sectores productivos colapsados, mayor inflación, y otros efectos derivados del impacto del aumento de precio del combustible, el cual nuestro país importa casi en su totalidad.

El 20 de mayo pasado el valor del barril de petróleo rompió la barrera de los US$130. Dos semanas antes Ariun Murti, analista del banco de inversión Goldman Sachs, aseguró que en dos años más el “oro negro” bordeará los US$200 por barril. Habría que creerle: en 2005 Murti anunció ante sus atónitos colegas que el petróleo subiría de US$50 a US$105, como sucedió.

¿Quedan 30 años?

Las señales de los mercados van en la misma dirección. Las cotizaciones a futuro del combustible, están a US$140 por barril para el año 2016. Y pese a que ocho años pareciera mucho tiempo, no es así. El tema ha sido abordado en numerosos estudios y libros que alertan sobre los efectos inflacionarios del aumento de precio del petróleo y los riesgos de su escasez como combustible fósil no renovable que se extinguirá en un momento u otro.

Uno de ellos, “Hitler ganó la guerra”, un best seller de no ficción editado en Argentina el 2003, del doctor en Economía y analista económico Walter Graziano. La obra vaticina la caída del precio del dólar debido al aumento de precio del petróleo y su efecto en el PIB de Estados Unidos. En su libro, que hace un cruce entre las principales fortunas del siglo XX y su relación con negocios como el crudo, Graziano dedica un capítulo entero al “problema del petróleo”, en línea con las proyecciones de Goldman Sachs.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), citada por Graziano, en 2002 quedaban reservas de petróleo para 35 años más, en el entendido que a esa fecha se mantuviera una misma curva de consumo energético. Pero que haya reservas para tres décadas no quiere decir que el suministro esté asegurado hasta el año 2035. “El petróleo no va a empezar a faltar desde el año en que teóricamente se extinga (alrededor del 2035-2040) –explica el economista-, sino desde cuando se alcance lo que se denomina techo mundial de producción. El techo mundial de producción es la máxima cantidad posible de petróleo que se puede producir en un año y depende de las características geológicas de los pozos, del tipo de crudo, de la tecnología extractiva que se use”.

A partir del momento en que se toque el “techo de producción” mundial, se va a evidenciar una serie consecutiva de bruscas escaseces de petróleo –asegura el economista-. El mundo habrá alcanzado su máximo ritmo de producción mundial, a partir de cuyo momento año tras año, habrá cada vez menos petróleo disponible para alimentar a cada vez más habitantes de la Tierra y a economías que pugnarán por seguir creciendo a un ritmo superior al 2% anual, mínimo umbral considerado aceptable”.

Alimento o biocombustibles

Si el consumo de petróleo a nivel mundial se mantiene, y países como China e India -gigantes emergentes de la economía que siguen creciendo vertiginosamente- aumentan sus requerimientos energéticos, el precio del petróleo puede superar la barrera de los US$200 antes de lo esperado, arrastrando de paso el precio de las bencinas, del gas (que Chile recibe de modo intermitente de Argentina) y los alimentos, que ya evidencian el impacto a nivel mundial de la subida del precio del crudo y los programa de producción de biocombustibles.

Respecto al último punto un informe de la Organización de Países para del Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), emitido el 29 de mayo, señala que los precios de los alimentos continuarán su senda creciente los próximos diez años. “Así, calculan que productos básicos como los cereales o el arroz podrían subir entre un 60 o un 80% en este periodo, niveles sustancialmente superiores a los que han prevalecido durante los pasados diez años”, señaló el diario El País, de España. El documento, añade el periódico, destaca que la producción de biocombustibles es uno de los factores que encarece los alimentos debido al uso de cereales para su producción, en detrimento de la alimentación de ganado y el consumo en general.

Gigantes del consumo energético

De acuerdo al World Energy Outolook 2007, el reporte anual de la Agencia Internacional de Energía sobre situación energética mundial y sus proyecciones, China e India, debido a su enorme volumen y peso en el comercio internacional de combustibles fósiles, “están transformando el sistema energético mundial”.

Como el crecimiento en esos países aumenta, el poder adquisitivo de su población se amplía y su consumo energético sube sobre su crecimiento anual producto en parte de la falta de políticas de eficiencia energética.

“Las poblaciones de China y de la India van consumiendo más energía en sus oficinas y en sus fábricas, y comprando más electrodomésticos y automóviles. Todo ello contribuye a una gran mejora de su calidad de vida”, añade el reporte. “Sin embargo, las consecuencias de un crecimiento desbocado de la demanda energética global son alarmantes para China, la India, la OCDE y el resto del mundo”.

Doble consumo y calentamiento global

Así, las necesidades energéticas mundiales en 2030 superarán en más de un 50% las de hoy, a no ser que los gobiernos del mundo modifiquen sus actuales políticas, advierte el mismo estudio.

El otro efecto de un mayor consumo mundial de energía son las emisiones contaminantes. Esto “provocará un incremento continuado de las emisiones energéticas de dióxido de carbono, y un aumento de la dependencia, por parte de los países consumidores, de las importaciones de petróleo y de gas, procedentes en su mayor parte de Oriente Medio y de Rusia. Ambas circunstancias intensificarían los temores relacionados con el cambio climático y la seguridad de los suministros energéticos”.

Las conclusiones de la Agencia Internacional de Energía no son nuevas. Pero no por eso dejan de ser muy relevantes ante un escenario de aumento del precio del petróleo sostenido en el tiempo y un futuro energético incierto. “El reto que deben afrontar todas las naciones es el de poner en marcha una transición a sistemas energéticos más seguros y con menores niveles de emisión de carbono, sin socavar con ello el desarrollo económico y social”.

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