Si alguien se quiere retirar, simplemente deja el espacio. Vacía el escritorio y se va para la casa, como lo hizo Carlos Altamirano, dignamente, en su momento. Desaparece de escena y no lo anuncia en los diarios de domingo. Sigue leyendo
Si alguien se quiere retirar, simplemente deja el espacio. Vacía el escritorio y se va para la casa, como lo hizo Carlos Altamirano, dignamente, en su momento. Desaparece de escena y no lo anuncia en los diarios de domingo. Sigue leyendo
Dueño de medios de comunicación y de una fortuna cuantiosa, su vida estuvo rodeada de un aura de poder, influencia y conflictos que lo transformaron en actor decisivo de los últimos 40 años de la vida política chilena. Sus enemigos susurraban su nombre con temor, porque nunca dejó de cobrarse una deuda. Obsesionado con el honor y la moral conservadora, hizo su mejor esfuerzo por limpiar su imagen de toda mácula. Sigue leyendo