domingo, 6 de noviembre de 2005

Reportaje / Mónica Echeverría y Sonia Edwards











Mónica Echeverría. Su libro fue lanzado el
viernes 4 de noviembre por el sello "Copa Rota"
(Crédito foto: Ricardo González)



Mónica Echeverría y los secretos mejor guardados de los Edwards


“ROBERTO EDWARDS PAGÓ EL RESCATE DE SU SOBRINO CRISTIÁN"

“Cara y sello de una dinastía” es una radiografía de los dueños de “El Mercurio” y su poder. A través de la vida de Sonia, la hermana mirista de Agustín, la autora revela detalles familiares inéditos y entretelones del secuestro del hijo del empresario. El libro, junto al trabajo de Hernán Millas “La sagrada familia”, pone al clan en el centro de la revisión histórica.

Por Miguel Paz / La Nación Domingo (6 de noviembre de 2005)

George Edwards Brown nunca imaginó aquel día de 1804 en que descendió del buque inglés “Blackhouse”, en Coquimbo, que daba el primer paso para forjar una dinastía que cruzaría la historia del país y tendría un protagonismo gravitante en sus hechos más amargos. Una dinastía que partió con el sexto de sus hijos, José Agustín de Dios Edwards Ossandón, y continuó con la costumbre de entregar el poder, la administración de la riqueza y el nombre Agustín al primogénito de cada generación del clan.

Hoy, la saga familiar está en el centro de la revisión historiográfica.

Al capítulo dedicado a los Edwards en el libro de Hernán Millas “La sagrada familia: La historia secreta de las diez familias más poderosas de Chile”, que da cuenta en extenso del peso histórico del clan, se suma “Cara y sello de una dinastía”, una investigación de Mónica Echeverría que descorre el velo de la vida de Sonia Edwards y su hermano, Agustín Edwards Eastman, el quinto de los Agustines.

En un trabajo que Echeverría –autora también de “Difícil envoltorio” y “Santiago-París, el vuelo de la memoria”– califica como “una novela de facto”, se mezclan datos duros con ficción en un diálogo en primera persona entre los antagonistas: Sonia y Agustín. La escritora posa la lupa sobre la tortuosa relación que sostuvieron ambos y cuenta la asombrosa historia de Sonia, una mujer predestinada a casarse “bien” y procrear, que se rebeló contra lo establecido para abrazar las causas de la izquierda en los años ’70.

DESPERTAR DE UNA PRIMAVERA

La muerte de Sonia en febrero de 2003, asegura Mónica Echeverría, fue lo que la empujó a escribir el libro. “Ella representaba el ideal de mujer que a las muchachas de esa época nos gustaría haber sido. Tenía todo en la vida: una belleza exótica, riqueza, podía viajar donde quisiera, era campeona de esquí, de salto a caballo, también pintaba, y vivía en una casa espectacular. Además, me llamó la atención que ella, siendo hermana de Agustín, fuera partidaria de la Unidad Popular y de Salvador Allende, y pretendiera tomarse ‘El Mercurio’ como lo hizo una vez”.

Para la novelista, el giro en la vida de Sonia ocurre cuando, con dos hijos a cuestas y un fracaso matrimonial inminente, ella decide entrar a estudiar Sicología a la Universidad de Chile. “Fue la primera vez que Sonia sintió que existía un mundo diferente”, explica.

Pero al poco andar, el peso del apellido la persigue. La tímida y espigada hermana de Agustín Edwards representa un mundo que no existe en su universidad. Su vestimenta y su porte generan desconfianza y una curiosidad que prontamente es saciada por el alumnado cuando se entera quién es la bella mujer que llega a clases en un auto de lujo. “Menos les gustó, tuvieron distancia. Ella comenzó a darse cuenta y lo sintió mucho”, cuenta Echeverría.

Trágicamente, Sonia es doblemente discriminada. Por un lado, la familia y el primogénito de los Edwards, que no soportan sus actitudes liberales ni su interés por estudiar, la castigan con retos y amenazas. Por otro, el nuevo mundo en el que desea encajar no la quiere por lo que Sonia representa. Este camino entre dos polos será una constante en la vida de la tatara-tataranieta de George Edwards Brown.

Dos de las pocas compañeras que se hacen muy amigas de Sonia en la universidad, Mariana Chadwick y Vilma Armengol, cuentan a Echeverría que sólo entrar a clases le causaba problemas con sus compañeros. “Le decían: ‘¡Pituca tal por cual!, qué viene a meterse con nosotros’. Como ella era muy dulce, muy tierna, se quedaba humillada y muy callada, pero hacía tantos esfuerzos por caerles bien a los demás, que comenzaron a tomarle cariño. Sonia comprendió que era mucho más feliz en ese mundo. Todas sus amistades pasaron a ser gente de clase media y media baja. Ahí le picó el bicho del izquierdismo y le fueron explicando muchas cosas que ella no entendía. A Agustín, las actitudes de esta hermana rebelde le causan molestia. La hace vigilar. Desde chica, él la domina y la maltrata, sicológicamente sobre todo, de una manera muy fuerte”.

–¿Hay algún ejemplo de eso?
–Hay casos desde su niñez. Como en la familia existe el mayorazgo, Agustín es el que tiene la fortuna en sus manos y el que gobierna el imperio. Él vigila todo y les da su mensualidad a los hermanos. Se mantiene como dueño y señor. Un ejemplo: Sonia tuvo un primer amor que no le agradó a la familia, porque lo consideraban un play boy. En esa ocasión, ella ya demuestra su rebeldía y se arranca con él. Los hacen perseguir, dan avisos por las radios, en todos lados. A la semana, Sonia está de vuelta en la casa y la mandan a Europa. La solución de la gente importante de Chile en esa época era que si aparecía una dificultad o una rebelión, te mandaban a Europa.

–O cuando había un embarazo fuera del matrimonio.
–Después viene la historia del embarazo.
Echeverría alude a uno de los episodios más dolorosos en la vida de la guapa heredera. En la Escuela de Sicología, Sonia se enamora de Alfredo Carmona. Queda embarazada, y la familia decide internarla en una clínica de Londres, donde da a luz. Al despertar, Sonia se entera de que su hermano Agustín se ha llevado a la niña para dejarla a cargo de una nodriza.

“SONIA MILITÓ EN EL MIR”

Poco después de la asunción de Salvador Allende como Presidente, Agustín Edwards se autoexilia en Estados Unidos. También se va su hermano Roberto.

“[Agustín] comienza inmediatamente a fraguar lo que será el golpe de Estado”, dice Echeverría. Citando el libro “Los Estados Unidos y el derrocamiento de Allende”, de Peter Kornbluh, Hernán Millas recuerda que en marzo de 1970, seis meses antes del triunfo de la UP, el dueño de “El Mercurio” estaba alarmado por la situación política del país.

“Agustín Edwards empezó a hablar con sus amigos –entre ellos, David Rockefeller– de la necesidad de que Estados Unidos bloqueara a Allende. Al no lograrlo, cuando éste triunfó habló con el embajador norteamericano Edward Korry, y le preguntó: ‘¿Ustedes van a hacer algo militarmente contra Allende?’. Korry le respondió que no. Entonces, Edwards viajó a Washington y por intermedio de Donald Kendall, un amigo muy cercano a Nixon, consiguió hablar con [Richard] Helms”.

Estamos en los fragores de la UP. Sonia simpatiza con el ideario de Allende. Dos de sus amores, los más importantes, son hombres socialistas que influyen en su acercamiento al PS. “Uno de ellos, que aparece en el libro con el apodo ‘Vicente’, es el que recupera a su hija que está en Londres después de que se la había quitado Agustín Edwards y la había dado en adopción”, dice Echeverría. “Entonces, ella se entusiasma y milita en el MIR. En ese momento, Manuel Cabieses le pide a Gladys Díaz [ambos miembros de la organización] que instruya políticamente a Sonia porque, la verdad, poco sabe”.

Recuerda la autora que “como militante del MIR, ella decide la toma de ‘El Mercurio’, que dura menos de 24 horas porque Allende le dice que, por favor, se retiren pues él no quiere que en el extranjero piensen que él está contra la libertad de prensa. Sonia, además, presta sus casas para reuniones y para instrucción militar”.

“EL MERCURIO SIGUE MINTIENDO”

Antes de fijar residencia en Connecticut, desde donde maneja los hilos de su imperio periodístico, Edwards nombra a su hermana vicepresidenta de “El Mercurio”. “Esa fue una astucia de Agustín, como para decirle a la izquierda y a Salvador Allende: ‘Miren, una persona que ha sido partidaria de ustedes ahora está en El Mercurio’. Todo para que no se lo toquen”, asegura Echeverría.

Pero Sonia no tiene ningún poder. Aunque es una de las dueñas del decano, su cargo es casi honorario. No obstante, asiste a las reuniones de consejo del diario y se toma su trabajo muy en serio. En un perfil suyo publicado por “The Clinic”, Vilma Armengol recuerda que cuando los estudiantes de la Universidad Católica se tomaron la casa central y colgaron en el frontis un cartel con la leyenda “El Mercurio miente”, Sonia “fue a ‘El Mercurio’ y abrió la reunión diciendo: ‘Dicen que El Mercurio miente. Y lo peor... es que es verdad’”.

Al respecto, la autora de “Cara y sello de una dinastía” dice que esta anécdota se refiere a otro hecho: el despido de un grupo de periodistas del periódico. “Cuando los expulsan, ella inmediatamente adhiere a estos periodistas y exige que quede en el acta que ‘El Mercurio’ miente y continúa mintiendo. Eso está –quedó registrado– porque Sonia dijo que no se retiraba del consejo si no lo ponían”.

Con su hermano viviendo lejos, Sonia se siente liberada. Pero por poco tiempo. Luego de que el MIR le pide retirarse de la organización (“porque ella se casa con un hombre que a ellos no les da plena confianza”, dice Echeverría), viene el golpe de Estado y su hermano regresa a Chile en gloria y majestad.

En medio de la persecución de militantes de izquierda que se origina tras el golpe, Sonia esconde en su casa a un joven uruguayo y presta otras casas a algunos perseguidos. Cuando no tiene sitio, ella arrienda lugares a su nombre para refugiar a otros. “Incluso se llevó a vivir con ella a Lucía Sepúlveda, quien dice que le debe la vida. Sergio Gutiérrez también. Sonia se arriesgó mucho. Después de eso le vinieron toda clase de males físicos. Se fue quedando muy sola”.

Sus amigos ya no están, son buscados, algunos parten al exilio, otros están muertos. En medio de este desolador panorama, Sonia se dedica en cuerpo y alma a los niños enfermos terminales de leucemia. Durante el resto del régimen militar, ella mantendrá una relación distante con Agustín.
EL SECUESTRO DE CRISTIÁN

Los hermanos sólo vuelven a estrechar vínculos cuando un grupo de la facción autónoma del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, en septiembre de 1991, secuestra a Cristián Edwards, hijo de Agustín y, por lo tanto, sobrino de Sonia. El episodio está contado con toda clase de detalles en el libro de Echeverría por personas que estuvieron en la casa del patriarca y que participaron en las gestiones para liberar a su hijo.

“Sonia quería mucho a su sobrino y, como es un momento de tragedia familiar, los hermanos se reconcilian. El padre Renato Poblete se ofrece como intermediario, pero pasan muchos meses antes de que Agustín acepte. Él pide ayuda a la CIA, porque cree que ellos pueden encontrar a Cristián. Pero pasa el tiempo y no sucede nada. Ahí intercede el padre Poblete. Y sucede algo muy bonito: en la primera página de ‘El Mercurio’ aparece una fotografía de Agustín Edwards con el cura Poblete, que no tenía por qué aparecer, y dice: ‘Los que se interesen por ayudar al hogar del padre Poblete, la dirección y el teléfono son...’. Los secuestradores comprendieron y comenzó un intercambio de mensajes que fue muy largo”.

Echeverría cuenta que durante los meses en que Cristián permanece secuestrado, en la casa de los Edwards había un ambiente terrible: “[Malú del Río] la madre, que estaba desesperada y consideraba que poco menos que a su hijo se lo habían matado, oraba junto a sus amistades, mientras Agustín se reunía con sus asesores en su despacho y se negaba a pagar la suma que le exigían. Entonces, los secuestradores bajaban la cifra. Hasta que se llegó a un millón y medio de dólares y le dieron un ultimátum. Ahí, Agustín se niega de nuevo. Dice que no tiene liquidez para pagar. Su hermano Roberto dice: ‘Yo pondré el dinero’. El dinero que se pagó no fue de Agustín. Roberto Edwards pagó el rescate de Cristián y mandó el dinero con su secretaria Bárbara a un buzón que habían indicado ellos, cerca de Estación Central. Ahí fue liberado Cristián”.

El sobrino de Sonia volvió al seno familiar el 1 de febrero de 1992. Ese mismo mes, 11 años después muere Sonia Edwards, la hermana que tanto hizo rabiar al quinto de los Agustines.


(RECUADRO)
“HA LLEGADO EL MOMENTO DE QUE AGUSTÍN EDWARDS PIDA PERDÓN”

En el otoño de su vida, Mónica Echeverría, madre de Carmen Castillo, la ex pareja de Miguel Enríquez que vivió en carne propia los apremios tras presenciar el asesinato del líder del MIR, salda cuentas.

“Los grandes triunfadores del golpe de Estado, y los que estaban detrás, son los capitales que volvieron al país, como Agustín Edwards”, dice.

–¿Por qué?
–Porque Pinochet, por último, fue un monigote que ellos utilizaron. ¿Pero quién salió glorioso de todo esto? Agustín Edwards, que no sólo propició el golpe, sino que tergiversó la verdad. Por lo tanto, es el más culpable de esos civiles que están recién nombrándose. Es el mayor de todos los culpables de la derecha chilena en el golpe y en lo que sucedió después. ¿Alguien le ha pedido que pida perdón? Ha llegado el momento de que Agustín Edwards pida perdón, que aclare su actuación durante la Unidad Popular, su influencia en Estados Unidos, su mentira: cómo tapó la verdad acerca de los crímenes que estaban sucediendo. Hoy, nadie se ha atrevido a pedirle eso. Nombran a Sergio Fernández, nombran a [Francisco Javier] Cuadra ¿Quién nombra a Agustín Edwards?

9 comentarios:

Barbaroja dijo...

Ta gueno esto...

BLOGUITO CHILENO dijo...

Miguel

Esperaba mucho que publicarias en LND...lamentablemente no pude comprarlo...quisiera preguntarte de qué se trataba el Periodico para aprender....por fis por fis...

de antemano gracias...

Othon2005 dijo...

Hola
muy interesante, y "agarradora" la reseña, mmm el Mercurio, ay! el Mercurio
Saludos

BLOGUITO CHILENO dijo...

MIGUEL ....

¿Y DE QUÉ SE TRATABA EL PERIDOICO PARA APRENDER???

QUE NO LO PUEDE COMPRAR!!! ME GUSRARIA SABER...

Miguel Paz dijo...
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Begoña Balmaceda O. dijo...

Hola... Yo quisiera saber si alguien sabe del precio de este libro y dónde conseguirlo

BB.

Anónimo dijo...

Creo que ni Pinochet, ni Agustin Edwards deben pedir perdon al país. Al final de cuantas nos salvaron del comunismo, y de la baja económia que había en ese tiempo... solo me resta decir a estos dos personajes.

GRACIAS POR SALVAR A MI PAÍS DEL COMUNISMO !!!

Anónimo dijo...

CREO QUE NADIE DEBE PEDIR PEDON AL PAÍS, DESPUÉS DE TODO DEBERIAMOS ESTAR AGARADECIDOS QUE SALVARON A CHILE DEL COMUNISMO, ADEMÁS DE LA POBREZA QUE SE ENCONTRABA EL PAÍS...

GRACIAS POR SALVAR A CHILE!!!

Anónimo dijo...

que mujer tan maravillosa fue sonia edwards eastman