domingo, 3 de septiembre de 2006

Reportaje / Fusileros

















LA HISTORIA INÉDITA DE LOS FUSILEROS DEL ATENTADO A PINOCHET

DE SANTIAGO A VIETNAM

A 20 años de la emboscada al general Pinochet, la increíble historia del escape de los frentistas que burlaron la justicia. Su paso por Moscú. Su instrucción militar en Vietnam y La Habana. Su participación en los Batallones de Lucha Irregular del Ejército Sandinista. Su regreso clandestino a Chile. Y la sorpresa de encontrarse con que el PC ya había descartado la lucha armada. Tres de ellos lo cuentan todo.

Por Miguel Paz y Javier Rebolledo / La Nación Domingo (3 de septiembre de 2006)


Tras el fallido magnicidio de Augusto Pinochet el domingo 7 de septiembre de 1986, en el que murieron cinco escoltas, la CNI y los organismos policiales iniciaron una infructuosa cacería para encontrar a los 21 fusileros del FPMR que participaron en la llamada Operación Siglo XX.

Más de 200 opositores fueron detenidos a la bandada, entre ellos el ex Presidente Ricardo Lagos; ninguno tenía vinculación con el hecho. Sólo el 22 de octubre, Investigaciones detuvo a Juan Moreno Ávila, “Claudio” o “Sacha”, fusilero del Grupo de Retaguardia o Unidad 504, dirigida por Mauricio Arenas Bejas, “Joaquín”.

Pero la captura de "Sacha" les habría parecido insignificante de haber sabido que el sábado 20 de septiembre, 11 de los 21 chilenos más buscados del país se reunieron en la parrillada Don Lalo, ubicada en Irarrázaval con Campos de Deportes. Hasta el restaurante ñuñoíno fueron convocados por Cecilia Magni Camino, “Tamara”, y José Joaquín Valenzuela Levy, “Ernesto”, quien se adiestró en Cuba y combatió en Nicaragua hasta la victoria sandinista en 1979. "Ernesto" dirigió el atentado y "Tamara" estuvo a cargo de la logística y, junto a César Bunster, de arrendar los vehículos y la casa de La Obra 06210-B que fue el cuartel general del comando.

Los asistentes a la cita escuchaban atentamente las palabras de la joven rubia: “La orden es salir de Chile”, les dijo "Tamara", que, pese a sus modales aristocráticos y educación de elite en el Grange, integraba la Dirección Nacional del FPMR y se había ganado el respeto de los combatientes.

El destino: Argentina.

El anuncio de "Tamara" no sorprendió a "Alejandro", "Rodrigo", "Juan", "Marcos", "David", "Fabián", "Patricio" y "Óscar". Otros, como "Sacha", manifestaron su deseo de quedarse. “Puedo dar más acá”, explicó Moreno Ávila, sin saber que los peritos policiales habían identificado una de sus huellas dactilares en la casa de La Obra. Un mes más tarde fue apresado y confesó la rutina de algunos de sus compañeros del atentado.

Muchos de los que oían a "Tamara" en la parrillada no superaban los 21 años, entonces la mayoría de edad legal. Compungido, uno de ellos le dijo a Mauricio Hernández Norambuena, “Ramiro”, su jefe en la Unidad 503 en la emboscada a Pinochet: “Soy menor de edad y mis viejos ni cagando me darán permiso”.

"Rodrigo" recién tenía 18 años y estudiaba Historia en el Pedagógico. Su familia no volvería a saber de él hasta mediados de 1989.

“Eso lo solucionamos”, lo tranquilizó "Ramiro", riendo.

Tras concertar futuros encuentros con cada fusilero y darles instrucciones para obtener documentación falsa, "Tamara" dio por finalizada la asamblea con una breve frase, asegura Héctor Maturana, uno de los fusileros: “Aunque quieran desarmarnos, no lo lograrán”.

“Entonces no comprendimos el alcance de sus palabras. Pero cuando los problemas con el PC se agudizaron volvimos a recordarlas”, dice Maturana, residente en Bélgica desde 1994, cuando le fue conmutada la pena de presidio perpetuo por extrañamiento.

Los jóvenes desconocían que tras la fallida emboscada, la dirección del PC evaluó con preocupación la “autonomía” con que operaba el Frente y decidieron intervenir la organización armada porque sentía que se le escapaba de las manos.

Un mes antes, el 6 de agosto, la CNI asestó un duro golpe al FPMR al descubrir la internación de armas de Carrizal Bajo. Ese hecho, junto al fracaso de la Operación Siglo XX, quebró la confianza que el PC había construido con la DC, y significó un alejamiento del PS Almeyda y el MIR de la tesis insurreccional.

EN BUENOS AIRES

En los días siguientes, los ocho fusileros que debían salir del país fueron llevados a una casa del FPMR en La Reina Alta, donde les proveyeron de documentación falsa y se encontraron con "Tamara", quien les entregó dinero y las rutas de salida.

La mayoría partió a Argentina en parejas por el paso Puyehue en Osorno. El resto cruzó la cordillera por el paso Los Libertadores. A "Rodrigo" –quien actuó en el atentado con esa chapa y jamás fue identificado en la investigación del fiscal Torres– y Héctor Maturana les tocó hacerse pasar por estudiantes que iban a conocer Bariloche. Vestidos a la moda, con zapatillas Ocean Pacific, jeans Wrangler y camisas amasadas, compraron una cámara fotográfica para acentuar el “look” universitario.

En la frontera con Argentina bajaron del bus junto a los demás pasajeros. Mientras esperaban que el resto pasara por Aduana, observaron a un carabinero del retén fronterizo y se les ocurrió una idea:

–Oye, ¿te querís sacar una foto con ese paco? –dijo "Rodrigo" entusiasmado.

–¡Ya! –respondió Maturana observando a un efectivo policial.

–Capitán, ¡sáquese una fotito con mi compadre! De lo contrario, ningún amigo nos va a creer que fuimos a Argentina.

El carabinero aceptó la propuesta arreglándose el uniforme. Nunca se enteró cuán cerca estuvo de los hombres que emboscaron a Pinochet.
























El 30 de septiembre, la totalidad de los fusileros ya estaba en Buenos Aires, alojados en los hoteles Alfa y Callao, en el centro de la ciudad. Se reunieron con una militante del Frente, quien les entregó pasaportes chilenos con identidades falsas y les dijo que partirían a Moscú. Además, les dio distintas sumas de dinero para el encargado financiero de la dirección del PC chileno en la Unión Soviética. "Daniel" recuerda que la mujer le dijo: “Cuando estén en Moscú lo más probable es que hablen con gente del Comité Central. Les pido encarecidamente que digan que son de la Jota y no del Frente”. Era otra señal de que los problemas entre el PC y los comandantes del FPMR aumentaban.

OCTUBRE ROJO

A fines de octubre, los fusileros viajaron rumbo a Moscú por separado vía Madrid, Roma y Frankfurt. En las escalas que debieron efectuar en Europa se enteraron por los diarios de la detención de sus compañeros en Chile. Finalmente llegaron a Moscú y se hospedaron en el Hotel Oktober, que pertenecía al Estado y estaba destinado a las “visitas no oficiales”, miembros de movimientos guerrilleros de África, Centroamérica y Latinoamérica que debían mantener su estadía en la URSS en el anonimato.

Los encargados de atenderlos interrogaron a algunos de los frentistas sobre la Operación Siglo XX. “Se mostraban especialmente interesados en saber por qué habían fallado los cohetes Low”, asegura "Juan", miembro de la Unidad 502 del atentado.

En sus breves estadías en el Oktober, los fusileros se reunieron con Hugo Fazio, hombre de confianza de la dirección exterior del PC en Moscú, ligado a su estructura financiera. Según cuatro fusileros, Fazio recibió de sus manos el dinero traído desde Argentina. Un ex militante de la Jota que pasó por el hospedaje también asegura haber llevado recursos para los dirigentes en Moscú. El actual director del Instituto Cenda no quiso referirse al tema. “Sólo hablo de temas económicos actuales”, señaló.

"Rodrigo" fue el último en pisar suelo moscovita, a mediados de noviembre. Tras ser deportado a Argentina viajó a La Habana, donde alojó en un departamento de protocolo en calle Ayistarán, cerca del Estadio Latinoamericano, junto a César Bunster.

Durante su permanencia en La Habana, el joven se reunió con dos comandantes del FPMR: "Juan Carlos" y "Roberto Torres " (Eduardo Villanueva) en el Hotel Tritón. Lo interrogaron por un día completo sobre el atentado y registraron la conversación en una grabadora.

En Moscú lo recibió Volodia Teitelboim, al igual que a otro fusilero y un ex militante comunista, aseguran. Algo que Teitelboim desmintió a este medio.

Recién a la mañana siguiente, "Rodrigo" llegó al Hotel Oktober. Allí se enteró que sus compañeros habían sido enviados a Vietnam. Él también debía partir.

BUENOS DÍAS, VIETNAM

Si en el atentado al general Pinochet los ocho fusileros recibieron su bautismo de fuego, en Vietnam se graduaron como expertos en técnicas que desconocían. Bajo la atenta mirada del mayor Luong, un veterano de la guerra con Francia y Estados Unidos, los fusileros, junto a 12 militantes del PC, recibieron una férrea instrucción militar durante ocho meses en una mansión de Hanoi.

La casa, ubicada en el centro de la ciudad, estaba acondicionada como Escuela de Tropas Especiales, las fuerzas de elite del Ejército Popular vietnamita. En ese lugar, los 20 cadetes cumplieron un duro régimen que partía cada mañana con clases teóricas y seguían después de almuerzo en un polígono en las afueras de la ciudad con prácticas de tiro y defensa personal, entre otras cosas. Aunque no se les otorgaban grados, por ser una escuela clandestina, los jóvenes se graduaban con casi la misma preparación de un subteniente o jefe de pelotón, aseguran varios de ellos.

Desde el principio hubo roces entre los fusileros y los miembros del PC y la Jota. Para los primeros, que venían de atentar contra Pinochet, y se encontraban en un punto de no retorno, recuerda "Daniel", muchas de las formalidades de los comunistas, como tener reuniones de células para discutir la situación política del país, no tenían sentido, estando lejos con un régimen tan estricto.

Uno de esos muchachos del PC también recuerda esa etapa: “Había algunos que ni siquiera eran militantes comunistas. Otros veníamos de una historia de militancia fuerte. La difícil convivencia fue una evidencia de las diferencias que teníamos entre nosotros y que después se explicitaron en el quiebre entre el PC y los autónomos”.

Mientras estuvieron en Vietnam, los cadetes fueron visitados en dos ocasiones por Jorge Montes. Al ex miembro del Comité Central del PC, fallecido hace cuatro años, le tocó escuchar las quejas de ambos bandos y mediar entre ellos. En su segunda inspección les informó para qué se estaban preparando. El grupo de fusileros debía partir a Nicaragua vía La Habana, y el resto a Chile.

EN NICARAGUA

En La Habana, cuatro fusileros fueron destinados a un curso de francotirador en Punto Cero. Los otros fueron enviados a Managua como asesores militares de los Batallones de Lucha Irregular (BLI) del Ejército sandinista. El objetivo era que los fusileros ganaran experiencia combativa para cuando les tocara regresar al país. Eran parte de una generación de chilenos internacionalistas del Frente, el PC y el PS que combatieron a la Contra. En esa tarea murieron 20 chilenos.

Los copiosos aguaceros, las extensas jornadas de marchas con el barro hasta las rodillas, los largos operativos de rastreo y las escaramuzas con los contras son las imágenes más recurrentes en la cabeza de los fusileros.

Llevaban varios meses en Nicaragua cuando recibieron la visita de "Manuel", encargado del FPMR en Nicaragua. Les habló de la división entre el Frente y el PC y les aseguró que había un grupo de “cabezas de pistola” que estaban tratando de separarse del partido.

“La noticia nos impactó. Justo ahora que los ‘niveles de lucha’, supuestamenten habían ascendido nos vamos a dividir”, cuenta "Rodrigo" que pensaron en ese momento.

Tres meses después fueron evacuados a Managua y de ahí a La Habana. Antes de irse, "Rodrigo" recibió una llamada de "Rafael", superior suyo del Frente en Nicaragua: “Los están engrupiendo”, le dijo, y agregó que era la mayoría de la dirección del FPMR la que encabezaba la separación del PC.

“Después de la llamada de ‘Rafael’ se sucedió otra. Era César Quiroz, quien me cita a una reunión”. Quiroz llegó al encuentro acompañado de Hugo Fazio y del comandante "Daniel Huerta", miembro de la dirección del FPMR. "Huerta" era, en verdad, aseguran seis ex frentistas consultados, Martín Pascual, actual investigador del Instituto Cenda. Pascual negó a LND ser Huerta o haber estado en Nicaragua.

La reunión versó sobre la división y alcanzó momentos de alta tensión. Sobre todo cuando uno de los fusileros preguntó cuándo volverían a Chile. “Fazio contestó que nuestro tema era complejo y que él calculaba que en unos cinco años más”, dice "Rodrigo".

“Discutimos fuertemente. Nos dijeron que ‘Salvador’ (Galvarino Apablaza), ‘José Miguel’ y otros comandantes siempre tuvieron actitudes divisionistas. Nosotros preguntábamos cómo podía ser eso, si ellos se habían jugado el pellejo por el partido”. "Daniel", evoca la conversación con Quiroz: “Nos tiró el speach de si nos íbamos con las armas sólo nos quedaríamos en eso”. El tirante encuentro finalizó con la decisión de los fusileros de quedarse en el Frente. En adelante serían tratados como disidentes y recibirían la visita de César Bunster, quien intentó convencerlos de regresar al seno del PC. Pese a que en un primer momento de la pugna interna, Bunster había optado por el Frente Autónomo, dice Maturana: “Estando todavía en Punto Cero nos fue a ver para decirnos que nos quedáramos en el Frente y no con los viejos”.

DE LA HABANA A SANTIAGO

Tras la división, seguida de cerca por el régimen de Fidel Castro, que observa con desagrado la decisión del PC de terminar con la lucha armada, los fusileros regresan a La Habana. Alojan en una residencia del Frente, donde se reúnen con Juan Gutiérrez Fischmann, “El Chele”, y otros comandantes que preparaban el regreso a Chile. Sólo uno de los fusileros, "David", decide permanecer en el PC.

A fines del año ’87, Fidel ya había reconocido al Frente Autónomo como organización. A mediados de diciembre llegó "Ramiro", después de liberar al secuestrado coronel Carreño en Brasil. Traía noticias frescas de cómo se había vivido la división en Chile y fotos de Carreño prisionero. A contar de los últimos días de ese año, los fusileros iniciaron el retorno a Chile en oleadas, entrando clandestinamente al país por Argentina.

Ya en Chile, en el marco de la política de Guerra Patriótica Nacional (GPN), instaurada por el FPMR Autónomo en 1988, algunos de los fusileros participarían en operaciones de envergadura, como el asalto al retén Los Queñes del 21 de octubre de 1988, en el que murieron Cecilia Magni y Raúl Pellegrin, el máximo líder de la organización. Un golpe del que el Frente no se recuperaría jamás y que los fusileros sentirían profundamente hasta que abandonaron la organización.

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