domingo, 13 de enero de 2008

El jefe no anda solo: El exclusivo club de los empresarios que tienen guardaespaldas

Temor al secuestro, a una agresión o puro esnobismo, la moda de los que pueden pagar por el servicio es andar resguardados las 24 horas del día por expertos en seguridad. Agustín Edwards padre e hijo, Rodrigo Danús, los hijos de Guillermo Luksic y Eduardo Bonvallet son parte de este selecto grupo de VIP protegidos, donde la discreción y el silencio de quienes ofrecen el servicio es ley. La regla número uno: lo que haga el jefe, es asunto del jefe.

Por Miguel Paz y Mauricio Valenzuela / La Nación Domingo (13 de enero de 2008)

No lo dicen ni hacen aspavientos de ello pero son casi una cofradía. Miembros del reducido grupo de empresarios y personeros de alta figuración pública que se acostumbraron a que sus pasos sean seguidos por un ropero de tres cuerpos con licencia para portar armas o por un discreto experto en técnicas de defensa personal. Es el precio de ser un “PI”, una “persona importante”: sujetos que por eventos traumáticos o sus propios análisis o los de sus asesores están dentro del ínfimo porcentaje de personeros cuya integridad física “podría correr peligro”.
Aunque la cifra de quienes contratan los servicios de compañías especializadas en Protección de Personas Importantes (“PPI” en la jerga del rubro) en el mundo de los negocios es desconocida -no hay registro oficial de “bodyguards” con permiso para portar armas-, existen empresarios como Agustín Edwards, el dueño de “El Mercurio”, que por su notoriedad encabezan la lista de quienes viven las 24 horas del día acompañados de una sombra letal.
Desde que la facción autónoma del Frente Patriótico Manuel Rodríguez secuestró el 9 de septiembre de 1991 a Cristián Edwards, uno de sus hijos, y lo liberó el 1 de febrero del año siguiente previo pago de un rescate cercano al millón y medio de dólares, Agustín Edwards le puso escolta a todos sus hijos. Así, recuerda un miembro del círculo de Felipe Edwards, actual vicepresidente de “La Segunda”, era común ver al menor de los seis hijos del propietario del conglomerado periodístico llegar a fiestas adolescentes acompañado de un guardaespaldas.
Edwards le traspasaría la preocupación por la seguridad personal a su primogénito: Agustín J.. Mientras Cristián, afectado por el secuestro, optó por mudarse a Nueva York, donde ha desarrollado una meteórica carrera como presidente de los servicios informativos del “New York Times” y su hermana Carolina mantiene un bajo perfil laborando en “El Mercurio”, el sexto de los Agustines –a quien le gusta conducir su citroneta regalona- está a cargo del buque farandulero del conglomerado, LUN, y suele moverse junto a un experto en “PPI” que no lo deja ni a sol ni sombra. Incluso, lo acompaña en sus encuentros con Rodrigo Danús, empresario dueño de SW Consulting y Broad Eyes, la productora que edita el programa “S.Q.P.” de Chilevisión. Aunque no se ven diariamente, Danús y Agustín VI mantienen una amistad forjada entre los tsunamis de “chanes” que emite al aire “S.Q.P.”, capitalizados por LUN en sus portadas diarias. Cuando se encuentran para almorzar, el guardaespaldas de Agustín J. se mantiene a una distancia prudente acompañado de Jorge, el Rambo cubano que oficia de chofer y protector de Danús.

EL GUARDAESPALDAS DE FIDELITO

La historia de Jorge, un negro de dos metros de altura parece salida de una cruza entre “El misterio de las Tanias” y “Las armas del ayer”, los libros del economista liberal ex Mapu Sebastián Edwards y el empresario y ex GAP Max Marambio.
El cubano tiene la gracia de haber sido el guardaespaldas de “Fidelito”, Fidel Castro Díaz Balart, el hijo mayor de Fidel Castro, que anduvo de paseo por Chile en enero de 2007. El motivo de tamaña distinción -según la lógica de que mientras más importante el “PI” más currículo hay que tener-, se debe a que el actual “bodyguard” de Danús fue miembro de Tropas Especiales, la fuerza de elite de la Isla y tuvo experiencia en combate en la fracasada expedición cubana por Angola.
A nuestro país arribó en 1994 para hacerse cargo de la seguridad del personal de la embajada de Cuba. En 1996 se licenció y decidió quedarse en Chile. Además de trabajar para Danús, cuando puede, oficia de jefe de seguridad del LamuLounge, un exclusivo local del ondero BordeRío.
Pese a sus medallas, Danús explica que el cubano no es más que su chofer y que no teme por su integridad. “En Chile no existe esa cuestión”, añade el polémico empresario y coproductor de “Milagros”, la próxima serie de ficción del diputado Marco Enríquez-Ominami, refiriéndose al riesgo de ser secuestrado. Aún así, en BroadEyes confiesan que “el patrón” jamás se separa de su escolta. ¿Por qué lo tiene entonces? “Nunca se sabe”, dice otra fuente de la productora televisiva, principal foco de conflicto para Danús, quien también tiene intereses en el sector eléctrico –las centrales a carbón Campanario y la proyectada Cardones- y es uno de los detractores del proyecto Hidroaysén que el clan Matte Larraín pretende llevar a cabo en la Patagonia con Colbún.
De hecho, por una información de “S.Q.P.” sobre la ruptura amorosa de Julio César Rodríguez y la actriz Francisca García Huidobro en mayo de 2006, Danús las vio negras. El esposo de Carola Julio estaba hablando por celular cuando el “emperador de la opinología” irrumpió en los pasillos de Chilevisión para encararlo y lanzarle un gancho que Danús esquivó mientras gritaba “¡Guardias, guardias!”. En aquel entonces no estaba Jorge.
Y es que al sobrino del ex ministro de Economía de Pinochet, el general (R) Luis Danús, y ex integrante de un grupo de choque de ultraderecha en sus tiempos universitarios, enemigos no le faltan, por lo que tener un escolta no deja de ser útil. Pero ¿cuánto de seguridad y de esnobismo hay en la medida? Un gran amigo de Danús asegura que el guardaespaldas “es para aparentar no más. A Rodrigo le gusta eso de andarse mostrando con seguridad y fumando puros como un gángster”. Algo que tipos duros como los ex GAP que asistieron al lanzamiento de las memorias de Max Marambio (otro Tropas Especiales), el 4 de julio de 2007, comentaron al ver a Danús con su sombra, destacada entre el gentío en el Museo de Bellas Artes.

LAS TRES FORTUNAS

La versión chilena del clan Kennedy, la familia Matte Larraín, nunca ha tenido escoltas. No creen en la maldición de sus homólogos norteamericanos que vieron morir asesinados a John y Bobby Kennedy o en un accidente de avioneta a John junior. Aunque son la segunda fortuna del país y su influencia en la sociedad chilena desde el Centro de Estudios Públicos, dirigido por Eliodoro Matte, la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP), de su hermana Patricia, y los negocios es evidente, por su formación ninguno de los hermanos ha pensado en contratar seguridad personal, asegura un cercano a Bernardo Matte. Básicamente, por austeridad.
En días de semana es frecuente ver a Patricia Matte salir del edificio del número 17 de calle Phillips, en pleno centro de Santiago, donde tiene su oficina de la SIP, y verla caminar junto a la gerente de la Sociedad, Andrea Fuchslocher, para ir a almorzar en algún restaurante del sector. U observar a Eliodoro Matte salir del estacionamiento del banco controlado por el grupo (el BICE) en Huérfanos, manejando su BMW negro, para doblar por Amunategui y enfilar en busca de la Costanera Norte.
Algo similar ocurre con Bernardo, quien sólo rompe con la regla autoimpuesta del bajo perfil para dar entrevistas sobre el megaproyecto hidroeléctrico de Aysén o para ser retratado a bordo de su yate, el “Pisco Sour”, en regatas como la de Chiloé que en su próxima versión parte el 25 de enero.
Del clan Angelini, la mayor fortuna del país, tampoco se conocen historias de “bodyguards”. Con excepción, tal vez, del chofer experto en defensa personal del fallecido patriarca Anacleto Angelini Fabri, que solía llevar a “don Cleto” a todos lados.
De los tres clanes más ricos de Chile, son los Luksic los únicos que han decidido contar con protección personal. Igual, no son todos. Sólo Guillermo Luksic, quien dispuso escoltas para sus hijos. La medida se habría debido a “una situación que llevó a eso”, explica sin entrar en detalles, un amigo de uno de los cinco herederos de Guillermo, que agrega que en estos temas el silencio y la discreción son ley primera.

EL MERCADO DA PARA TODO

El secuestro y asesinato de la ejecutiva del banco Penta Soledad Lapostol y el baleo de Mario Marchese, ejecutivo del proyecto hidroeléctrico Trayenko, de la noruega SN Power, ocurrido el 7 de enero pasado, pusieron en el tapete el tema de la seguridad personal de ejecutivos de alto perfil. Aunque en Chile no se vive la situación extrema de países como Colombia, la Fiscalía Oriente dispuso extrema protección policial para Marchese y el Gobierno decretó alerta máxima, buscando evitar que la imagen país se asocie a la inseguridad de otros países de la región.
Con todo, hace unos años que existen al menos siete empresas y un sinnúmero de “contratistas independientes” dedicados a la seguridad de “PPI”. El mercado da para todo.
Desde compañías como NN Investigadores, de Nelson Navarro -elegido dos veces el mejor “rati” de Chile-, que cuidó al incendiario gurú Eduardo Bonvallet y debió proteger al ex DT de Deportes Temuco de agresores callejeros; pasando por Zintex, del abogado e hijo del ex diputado Gustavo Alessandri, Jorge Alessandri, que incluye en sus filas a más de 120 subordinados, en su mayoría ex miembros de las fuerzas armadas; hasta carabineros retirados como Nelson Ormeño, a quien encontramos por un aviso clasificado.
A raíz del baleo de Marchese, Alessandri dice: “Cuando venga el segundo caso, ahí la seguridad de PPI va a ser tema de preocupación”, pero añade que por suerte todavía “estamos lejísimos de los niveles de México y otros países latinoamericanos, donde una persona que tiene un cargo medio en un banco necesita guardias con ametralladora.”
En Zintex se especializan en la protección de artistas como Chayanne, Luis Miguel y Lenny Kravitz, y la seguridad de grandes recitales, fiestas electrónicas y eventos. Sus servicios también son contratados por “empresarios, tanto chilenos como extranjeros, y políticos” a los que les cuidan las casas cuando se van de veranoe. Alessandri, sin embargo, se niega a dar nombres. En este negocio, como en las relaciones peligrosas, un caballero no tiene memoria.
Nelson Ormeño tampoco da nombres pero no tiene empacho en dar detalles. Ormeño es ex carabinero. Se lanzó al oficio un día viendo las noticias de asaltos y crímenes en la televisión. Entonces pensó: “¿Y por qué no ofrezco mis servicios de seguridad?” Dicho y hecho. De inmediato fue contratado por “el dueño de una empresa de aseo industrial que le trabaja a muuuucha gente –dice-, te estoy hablando de alguien que corta 50 palos mensuales. Con él trabajé bien y me pagaba excelente, pero lo que pasa es que durante ese tiempo se conoce a la persona detrás del empresario y se ven cosas turbias. Después hay que quedarse callado, empezar a mentir. Cuando la situación empezó así me aburrí. Los últimos 6 meses lo único que hacía era ir a buscarlo y dejarlo a casas de puta. A las tres o cuatro de la mañana lo devolvía a su departamento en estado de ebriedad ¡Y todos los días! Se gastaba un millón de pesos diario en mujeres y su esposa, esperándolo en la casa.” Ormeño considera que nuestro país no es lugar para guardaespaldas, -“esas películas no pasan por acá”- ya que muy poca gente puede darse el lujo de contratar. De todos modos pasa el aviso: sus servicios incluyen seguridad personal y domiciliaria. Traslado de valores y asesorías en cuanto a hogares y vehículos. ///


ESCOLTAS DE POLÍTICOS: PAGA MOYA

La noche del miércoles pasado el cientista político Patricio Navia y el empresario Sebastián Piñera terminaban de comer en el bar Liguria de Manuel Montt cuando al dueño de Chilevisión le dieron ganas de fumar. Sentado frente a Navia en una mesa de la terraza del mítico reducto de la bohemia bacheletista, Piñera se dio vuelta e hizo señas a su Hyundai Veracruz 4x4, estacionado a pocos metros. Del asiento del chofer bajó un hombre que escuchó a “Tatán” y volvió con un paquete de cigarros para el empresario. Era uno de los dos escoltas asignados por el Gobierno al precandidato presidencial.
El servicio de Protección de Personas Importantes (PPI) de Carabineros y la Policía de Investigaciones cubre a autoridades de Gobierno, algunos parlamentarios y a personas como Piñera, un “PI” o “persona importante” que según los análisis de seguridad está dentro del ínfimo porcentaje de personeros cuya integridad física “podría correr peligro”. Se trata de una definición bastante arbitraria y que no responde a normas legales objetivas, salvo las que vienen ordenadas por el Ministerio Público y el Poder Judicial, como es el caso del ejecutivo de la noruega SN Power Mario Marchese, baleado el 7 de enero pasado afuera de su domicilio en Las Condes, quien tiene escolta asignada por la Fiscalía Oriente. Pero a esa función se agrega, a veces, tal como en el caso de Piñera, hacer de chóferes particulares o simples estafetas a los que mandan a pagar cuentas, a llevar a los niños al colegio, o a comprar cigarros. La práctica no es patrimonio exclusivo del RN.
En el Congreso Nacional hay al menos once parlamentarios que gozan de escolta de Carabineros, como los presidentes del Senado, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, y de la Cámara de Diputados, Patricio Walker; los senadores Alberto Espina (RN), Jovino Novoa (UDI), Juan Antonio Coloma (UDI), Pablo Longueira (UDI), Ricardo Núñez (PS), Carlos Ominami (PS) y Soledad Alvear (DC), y la diputada Isabel Allende (PS).
Según el senador radical Nelson Ávila y el diputado socialista Fidel Espinoza, no hay nada que los justifique. Ávila dice que los parlamentarios deberían pagar los escoltas de su propio bolsillo. Y Espinoza ha denunciado que los “PPI” terminan realizando labores ajenas a su trabajo, como llevarle el maletín a los parlamentarios o hacer de recadero para cuestiones de índole personal.

NIÑERAS ARMADAS Y CHAPERONES

Nelson Navarro es uno de los que además de prestar servicios de protección a personas importantes, ha ingresado al lucrativo negocio de cuidar a hijos “pasteles” del segmento ABC1. Las tarifas por una noche de protección de dos guardaespaldas de su empresa bordean los 100 mil pesos.
El ex comisario de Investigaciones no es el único que descubrió este nicho sub-20, a raíz de las tribulaciones de padres preocupados de que sus retoños sean asaltados, se vean involucrados en una pelea callejera o sean víctimas de un improbable secuestro “express”. La empresa “Garzón Express”, de propiedad de Sebastián González, también ofrece el servicio de cuidado de jóvenes “pelolais”. Este incluye pasar a buscar al adolescente a su hogar, mantener un ojo encima suyo y evitar que se meta en problemas mientras sale de juerga para luego devolverlo en la puerta de su casa a salvo. La tarifa de la compañía es por horas. Una salida resguardado por un escolta, desde las diez de la noche hasta las tres de la mañana, cuesta 60 mil pesos. Además, y como el mercado manda, atienden casos de personas en proceso de rehabilitación por drogas y alcohol. Ahí, el precio es cercano a los 20 mil pesos diarios. Sin contar comida y alojamiento.

2 comentarios:

Jorge Regula dijo...

Hay que distinguir casos también. Mucha gente que tiene protección pagada (pagada o no por el gobierno) responde a necesidades que no se conocen (por obvias razones). Sobre las críticas que esto genera, hay que ver de quien vienen. N Avila contrato un abogado para que lo defienda en algunas de las causas por injurias abiertas en su contra, con el dinero que se le entrega a los senadores para que tengan asesores tématicos (y evitar bochornos como proyectos de ley "copy paste" sacadas de wikipedia)

katty dijo...

rge Regula calla esa boca e infórmate mejor...el único parlamentario que debería tener escolta es Avila, ya que solo el habla las cosas tal y como son...sabías tú que estuvieron a punto de matarlo por el caso Soto TApia?