miércoles, 25 de junio de 2008
La Nación hoy vota huelga
A ello se agrega que varios periodistas han emigrado en el último tiempo -incluido quien escribe- y la salida del editor general del periódico en la semana. Por si fuera poco, tampoco ayuda mucho al clima laboral que "desde el frente", el vocero Francisco Vidal califique tu pega diciendo que "La Nación es el oficialismo más descarado" y que "sólo tiene cinco mil ejemplares al día con tres mil quinientos que se reparten entre empleados públicos". Y eso que Vidal es, en teoría, el vínculo de La Moneda con el diario La Nación y uno de los que más defiende la necesidad de contar con medios oficialistas. Con un comentario así, está claro que "del frente" evalúan mal la pega de quien "subdirige" el matutino.
lunes, 28 de enero de 2008
No es chiste: Estudiantes en práctica del diario El Sur están en huelga
"A los estudiantes en práctica que contrataron en el diario "El Sur" en diciembre los hicieron firmar un contrato, para efectos del seguro, que establecía que les iban a pagar X cantidad de plata (N. del B.: Omitimos la cifra exacta). El asunto es que iniciada la práctica, llamaron a los estudiantes y les dijeron que hubo un error y que debían firmar nuevos contratos, por un tercio del valor anterior.
Eso fue la semana pasada.
La mayoría rechazó la "renegociación" y se fueron a la Inspección del Trabajo junto a Francis Parra (presidenta del sindicato del diario) y la presidenta del Colegio de Periodistas, Ximena Zoñez. De ahí los practicantes se fueron a TVU (el canal de la U de Concepción) a denunciar a "El Sur". Obviamente en TVU les hicieron la nota (jueves o viernes de la semana pasada).
Además se están yendo en masa los colaboradores, pues los tipos que pusieron a administrar el cuento crearon un nuevo modelo "de gestión" y ya no aceptan boletas de servicios... ahora les exigen ¡facturas a los colaboradores!. Es decir, cabros que ganan, por ejemplo, 80 lucas al mes trabajando 5 ó 6 días, tuvieron que partir al SII a hacer todo el papeleo, sin mencionar que ahora más encima van a tener que pagar IVA todos los meses.
¿Buena, ah?
PD: Por si fuera poco, "El Sur" ahora comparte edificio con una pesquera a la que le arriendan un ala del inmueble.
martes, 16 de octubre de 2007
Absurdistán
Faltó, para completar el cuadro de ridículo total, que los comunistas propusieran, como hicieran groseramente los agroexportadores, los viejos sofofos o cualquiera de esas siniestras organizaciones vestidas de Dockers y camisa polo, traer trabajadores extranjeros a imprimir el diario “El Siglo”.
Hace rato que nuestro país se ha transformado en algo incomprensible. Una última muestra de ello es la huelga declarada por los trabajadores del diario "El Siglo", propiedad del Partido Comunista de Chile. El paro, decretado desde el 2 de octubre, con carácter de huelga legal, fue acatado por la totalidad de quienes laboran en dicho rotativo. Lo más paradojal es que la dirección de la casa de Vicuña Mackenna, con Carabineros de Chile, se negó, terminantemente, a recibir a la Inspección del Trabajo, argumentando cómo no que se trataba de un complot, de una oscura conspiración orquestada entre dicha inspección y un grupo de obreros traidores. Nos recuerda la huelga producida en la CUT hace algún tiempo. Mucho cuchillo de palo en el domicilio del herrero, ¿no les parece?
Ahora, para completar el cuadro, nos cuentan que los comunistas negaron ser propietarios de ese periódico. ¿Será acaso un outsourcing, esa funesta y modernísima práctica del capitalismo avanzado, la que hoy permite imprimir y distribuir la vieja bandera de lucha popular en los quioscos de la patria? ¿Quién entiende este último episodio tan incomprensiblemente patético y absurdo?
Apoyo nos les faltó a los chicos de "El Siglo". En la rueda de prensa con que se inició el insólito paro participaron Luis Conejeros, presidente nacional del Colegio de Periodistas; Patricio Martínez, presidente metropolitano del Colegio de Periodistas; Isabel González, secretaria general de la Confederación Nacional de Sindicatos, Federaciones y Asociaciones de Trabajadores del Sector Privado; y Jorge Bustos, presidente de Congelar (¿qué coño será Congelar?). También los apoyó con fuerza el pintoresquísimo y al parecer muy poderoso Sindicato de Cantores Populares de la Locomoción Colectiva, que llevó su voz de aliento, más los dirigentes del Sindicato Interempresa Nacional de Trabajadores de Montaje Industrial, Obras Civiles y Actividades Anexas (Sinami), los del Círculo de Periodistas y el cantautor Francisco Villa (¿cantará rancheras?)
Además, recibieron la solidaridad, a través de cartas, del presidente de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales; de Patricia Coñomán, presidenta de la Confederación de Trabajadores Textiles (Contextil); del presidente del Sindicato Ventanas-Enami; del presidente de la Confederación Nacional de Federaciones y Sindicatos de Trabajadores de la Industria Alimenticia, Turismo, Comercio y Servicios; del ex comunista Jorge Pavez, presidente del Colegio de Profesores; de Olimpia Riveros, dirigenta nacional del Colegio de Profesores, y del aguerrido cantor popular e impulsor de peñas incombustibles Nano Acevedo. Caramba.
No sabemos si a estas alturas los trabajadores habrán llegado a un acuerdo con sus duros patrones, ni sabemos cuán hostiles pueden haber sido esas negociaciones con gente que tanto conoce a la clase obrera y al pueblo. Lo cierto es que algo huele pésimo en todo este cuento. Algo terminal, descorazonador, inasible. Faltó, para completar el cuadro de ridículo total, que los comunistas propusieran, como hicieran groseramente los agroexportadores, los viejos sofofos o cualquiera de esas siniestras organizaciones vestidas de Dockers y camisa polo, traer trabajadores extranjeros a imprimir el diario. Pudieron imaginar a liberianos o haitianos, que bien podrían haber puesto en marcha las rotativas, a todo vapor, bajo las instrucciones de algún comisario inflamado de vieja y estalinista pasión revolucionaria, agudizando las contradicciones. Capaz que la huelga se haya terminado. Pero los porfiados hechos, como decía el camarada Lenin, siguen ahí: grotescos en su esencia última y primera.
Somos nostálgicos, sí. Y algo ñoños. No ganamos nada con ocultarlo en estas líneas. Pero lo cierto es que añoramos aquellos tiempos un pelín más claros, cuando uno podía saber, sin mayores quebraderos de cabeza, de qué lado del pan estaba la mantequilla.
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En casa de Herreros, cuchillo de palo