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viernes, 24 de octubre de 2008

La re-re-re-reconstrucción del candidato

(Vía Se Alquila Casa Blanca)

Construyendo (...y reconstruyendo y reconstruyendo) al candidato. La historia de McCain según su entorno es la historia que la revista del NY Times promete para este domingo. Si es la mitad de bueno que el perfil de McCain aparecido en Rolling Stone, estaríamos dados. Un adelanto de The Making and Remaking of McCain aquí.
Sobre el mismo tema, sin dejar de elogiar el sentido de oportunidad, John Dinges publica simultáneamente en The Huffington Post (ya tiene 476 comentarios) y CiperChile la historia del encuentro entre McCain y el fallecido Augusto Pinochet.

jueves, 9 de octubre de 2008

“Frei e Insulza se habrían elevado moralmente si no defienden a Pinochet”

Roberto Garretón, a diez años de la detención del ex dictador en Londres

En el marco de su participación en un seminario organizado por la Universidad Diego Portales sobre los efectos que produjo en el mundo judicial y político el arresto del general, el abogado de Derechos Humanos analiza el comportamiento de la clase política ante el caso y critica la actuación del entonces Presidente y su ministro de Relaciones Exteriores. Además, tiene duras palabras para los jueces chilenos y lo que el denomina la ‘’alianza pinochetista’’. Sigue leyendo

martes, 7 de octubre de 2008

La sobrina de Pinochet pide abrir el testamento del general

Documento puede ser una ‘'Caja de Pandora’' mientras haya juicios pendientes

Ximena Pinochet Campos, quien reside actualmente en Estados Unidos, ya contactó en Chile a una abogada para iniciar los trámites formales y conocer si el ex dictador legó algo de su fortuna a su padre, Luis Arturo, quien falleció en 2007. En las próximas semanas, la profesional presentará la solicitud a un juzgado civil para iniciar así los trámites. Fuentes ligadas a la defensa de la familia, a cargo de Pablo Rodríguez, indicaron que cuestionarán duramente la calidad de heredera de la mujer. Sigue leyendo

domingo, 9 de diciembre de 2007

"La muerte del señor López"

  • EL PROTOCOLO SECRETO DEL GOBIERNO PARA EL FUNERAL DE PINOCHET

A un año del deceso del dictador, damos a conocer los pasajes inéditos de este plan en clave para su hora final, trazado en las oficinas de Defensa. La historia del diseño de la estrategia comunicacional, el impasse con el comandante Izurieta y un CD que se guardó bajo siete llaves hasta el día que el general dejó de existir.

Por Miguel Paz / La Nación Domingo (9 de diciembre de 2007)

El domingo 10 de diciembre de 2006, la entonces ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, estaba en su casa preparando el almuerzo para sus tres hijos cuando le avisaron por teléfono que el general (R) Augusto Pinochet Ugarte había muerto pocos minutos antes en la UCI del Hospital Militar. La persona al otro lado de la línea era su asesora de confianza, Laura Elgueta, quien nada más recibida la información del Ejército contactó a su jefa para darle la noticia y activar el protocolo secreto que Blanlot y su equipo habían diseñado seis meses antes, con el visto bueno de la Presidenta Michelle Bachelet.

Blanlot colgó el teléfono y enfiló de inmediato a la residencia de la Mandataria. Bachelet ya había sido informada de la muerte de Pinochet por el comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta, y convocó a sus ministros, a las 16 horas, para una reunión extraordinaria de comité político. Los primeros en llegar a la residencia de Burgos 388, en el barrio El Golf, fueron el ministro del Interior, Belisario Velasco, y el vocero de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, seguidos de Blanlot. Se sumaron el comandante Izurieta y el asesor de la Mandataria en temas de Defensa, Marcos Robledo.

SEÑAL DE NORMALIDAD

El plan de contingencia con el nombre clave "La muerte del señor López" en alusión a "Daniel López", la identidad falsa usada por Pinochet para abrir cuentas en el Banco Riggs detallaba cómo debía actuar el Gobierno en la hora final del dictador y establecía la estrategia comunicacional a seguir. Había sido elaborado en junio de 2006, tras la última crisis de salud de Pinochet, cuando en el Ministerio de Defensa se percataron de que el plan legado por la administración Lagos acordado por el ex Mandatario y el general Juan Emilio Cheyre en 2004 tenía falencias. Hasta ese domingo 10 de diciembre, el protocolo de "La muerte del señor López" se había guardado celosamente en un CD por temor a que se filtrara. Ya no sería necesario.

Según lo previsto en el instructivo y ratificado en el encuentro del comité político, Lagos Weber sería el encargado de dar a conocer la posición oficial del Gobierno: ni funeral de Estado ni duelo oficial, pero sí honores correspondientes a un ex comandante en jefe del Ejército.

Para dar una señal de normalidad, Bachelet se marginaría del tema y el vocero enfrentaría sólo las cámaras en La Moneda. "Que lo hiciese así, leyendo un comunicado, sin espacio a la improvisación, era parte del protocolo. Lo curioso es que pese a lo intenso de la jornada todo se cumplió matemáticamente", asegura uno de los participantes de la reunión en casa de Bachelet.

Aunque ya estaba acordado que Izurieta se haría cargo de la relación con la familia Pinochet-Hiriart, y definiría quiénes hablarían en los funerales en la Escuela Militar, durante el gabinete convocado por la Presidenta, el general incluyó un planteamiento no previsto, asegura otro testigo. "Izurieta señaló que sería mejor que al funeral de Pinochet no asistieran representantes del Gobierno. Ahí se le explicó que, si pretendían hacer el funeral en un recinto militar, tendría que estar la ministra de Defensa. De lo contrario, deberán velarlo en Los Boldos o donde mejor les parezca".

BRIEFINGS DIARIOS

No era el primer impasse con el jefe castrense. En la madrugada del domingo anterior a su muerte, Pinochet fue trasladado en ambulancia desde su casa en La Dehesa hasta el Hospital Militar, aquejado de un infarto, insuficiencia cardíaca y un edema pulmonar.

El general (R) había sido ingresado al hospital a las 2:30 de la madrugada, pero el jefe de comunicaciones del Ejército, Carlos Mezzano que estaba en el lugar , recién informó del hecho al Gobierno a las 6:30 horas, provocando la furia de la titular de Defensa, quien se hallaba en Buenos Aires junto al canciller, Alejandro Foxley, en una reunión 2+2 con sus pares trasandinos.

La explicación de Mezzano, quien había llegado al hospital directamente del matrimonio de la hija de un alto oficial, fue que no había podido dar con Izurieta. El general Alfredo Ewing, segunda antigüedad del Ejército y jefe del Estado Mayor, sí fue informado, pero no atinó a avisar.

Había otro motivo para el enojo de Blanlot: meses antes, la primera vez que corrió el rumor de la muerte de Pinochet, el comandante se había comprometido con ella y la Presidenta a que serían las primeras en saber si algo le sucedía al dictador.

Una vez enterado del entuerto, Izurieta estableció un canal directo con el Gobierno, que incluía "briefings" diarios sobre el estado de salud de Pinochet. Cuando falleció el general (R), el comandante en jefe del Ejército estaba en el Hospital Militar junto a swing, el secretario general del Ejército, y el general Patricio Cartoni, que en aquel período encabezaba la Guarnición Militar de Santiago. Lo primero que hizo fue llamar a Bachelet. Eran las 14:20 de ese soleado domingo. Cinco minutos antes, a los 91 años de edad, Pinochet había dejado de respirar.

"GRACIAS, MIJITA"

El martes 12 de diciembre, exactamente a las 11:04 de la mañana, una estruendosa pifia recibió a Blanlot cuando ingresó al Patio Alpatacal de la Escuela Militar para el funeral de Pinochet, flanqueada por los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, un gesto acordado el día anterior.

Nada más ver a Blanlot, un seguidor del general Pinochet gritó enardecido: "¡Y vino de blanco la conchesumadre!". El color de su vestimenta había sido un secreto que la titular de Defensa guardó hasta el último minuto. Las pifias seguían. Un sacerdote habló. Demandó silencio. "Es un momento de reflexión y unidad", dijo. Blanlot seguía estoica.

Rompiendo un pacto de que al menos una de sus tres colaboradoras más cercanas siempre acompañaría a la ministra en sus actividades, esta vez se hallaba sola. Una de ellas, recuerda un testigo, explicó sus argumentos al jefe de la escolta de la secretaria de Estado. El hombre había sido guardaespaldas de Pinochet durante la dictadura. Cuando el general dejó la comandancia en jefe, fue designado a la seguridad de los ministros del área.

"Imagino que usted sabrá por qué no acompaño a la ministra, pero se lo digo: yo no voy porque me mataron un hermano y fueron tan cobardes que ni siquiera me entregaron su cuerpo", cuenta la fuente que le dijo Laura Elgueta al militar, en alusión a su hermano Luis Enrique Elgueta, detenido en Buenos Aires y desaparecido por agentes de la DINA en el marco de la Operación Cóndor. El soldado asintió. Su respuesta fue solicitar refuerzos para el funeral.

Otra de las cosas que incluía el protocolo era que Blanlot, a nombre del Gobierno, le diera el pésame a Lucía Hiriart. "Gracias, mijita", respondió la viuda de Pinochet. También debía presentar sus condolencias a las "futuras generaciones", a los nietos de Pinochet. El gesto era considerado en La Moneda como una forma de cerrar el círculo y mirar hacia adelante.

"Por suerte no se hizo, sobre todo por lo del nieto", recuerda un ex ministro. "El nieto" no era otro que el capitán Augusto Pinochet Molina, quien, saliéndose de la planificación acordada por la familia con Izurieta, tomó la palabra y alabó la "obra" de su abuelo. Fue "uno de los líderes más prominentes de su época a nivel mundial ( ) un hombre que derrotó en plena guerra fría al modelo marxista", dijo en el pasaje más encendido de su despedida.

Izurieta no podía contener la rabia. En su complejo rol de equilibrista entre los adherentes de Pinochet y su responsabilidad como comandante en jefe y hacia el Gobierno, estaba furioso. Sentía que le habían pasado un gol. "Por eso fue tan implacable. El capitán, vestido de uniforme, le faltó el respeto. No a él, sino a la figura del comandante en jefe".

Al caer la tarde, Blanlot enfiló a su oficina en calle Villavicencio, en el centro de Santiago. En el trayecto coordinó una conferencia de prensa que daría al llegar al edificio del Ministerio de Defensa y habló con la Presidenta y con Izurieta. "Es impresentable lo que hizo el nieto. Tiene que irse", dijo. El comandante en jefe del Ejército estaba igual de indignado y tomó la decisión. Sellado el pase a retiro del último Pinochet en el Ejército, y con la cremación del dictador en Concón, terminaba el último episodio del protocolo de "La muerte del señor López".



domingo, 25 de noviembre de 2007

El hijo desconocido de Pinochet

La leyenda de Juan, el posible heredero del amor prohibido del dictador con una pianista ecuatoriana

Como un fantasma. Inencontrable. Así es Juan, el más fuerte testimonio que habría quedado del romance clandestino del dictador y una pianista de la aristocracia ecuatoriana. Quienes conocen de cerca la historia dicen que es físicamente igual a su padre.

Por Lino Solís de Ovando / La Nación Domingo (25 de noviembre de 2007)

Las mañanas ya no son las mismas para Byron Rodríguez V. desde que se impuso la tarea de encontrar en Ecuador al hijo no reconocido de Augusto Pinochet Ugarte.

Con 47 años, Rodríguez es hombre de férreas obsesiones. Es así como su pelo cano evidencia los costos de haberse convertido, desde hace cinco años, en un sabueso quiteño, detectivesca labor que ha realizado en paralelo al trabajo que le da de comer, la edición de Siete Días, el suplemento de reportajes del diario "El Comercio", el principal matutino de la capital ecuatoriana.

Dice estar cerca de la presa. Que sueña con encontrar el paradero de ese posible hijo concebido en Quito entre 1956 y 1959, y que, según conocedores del clandestino romance, tendría un evidente parecido físico con el dictador. Si es cierta toda esta historia, ese ecuatoriano-chileno también gozaría de un excelente oído musical. No por un desconocido don artístico de Pinochet, sino por la impronta de la madre, Piedad, una atractiva pianista de la aristocracia quiteña, amante de Bach.

Clandestino, porque son los años en que Augusto José Ramón Pinochet Ugarte es enviado en misión militar a Quito, luego de haber sido seleccionado junto a un grupo de oficiales para potenciar la Academia de Guerra de Ecuador. Tres años y medio en que Pinochet será parte de la socialité quiteña, pero en los que tendrá que lidiar con la desdibujable presencia de su esposa, Lucía Hiriart Rodríguez, con quien ya ha contraído matrimonio en 1943.

También acompañan al dividido Augusto sus tres primeros hijos: Inés Lucía, Augusto Osvaldo y María Verónica, retoños que se mantendrán ignorantes de las debilidades del padre, delicados a ratos por los malestares relacionados con el soroche (Quito está a 2.800 metros sobre el nivel del mar); embobados con el acento arrastrado de los quiteños y los continuos diminutivos en el habla; pero, sobre todo, desconociendo que junto a su madre han ingresado a territorio apache.

Quito, la tierra donde se flecharon la local Manuela Sáenz y el extranjero y libertador de cinco naciones Simón Bolívar, un escenario donde hasta ahora las ligazones entre mujeres y militares foráneos conllevan un erotismo mayor.

EL MAYOR Y SU AMANTE

Tanta obsesión ha tenido que tener un trasvasije, una posibilidad de descompresión. Para eso ha estado su novela "La guerra de la funeraria" (Editorial Planeta), ficción en la que recrea los recurrentes golpes de Estado que ha sufrido el Ecuador; las conspiraciones que se desataron con el boom petrolero; el ascendente de la figura de Pinochet en los militares ecuatorianos, así como "el misterio afectivo más enigmático que a su paso dejó en Quito uno de los dictadores latinoamericanos más oscuros", como se lee en la contratapa del libro.

Ahí también nos enteramos que fue a bordo del buque italiano "Marco Polo" en el que se embarcan Pinochet y los suyos hacia Quito, no sin antes detenerse en el puerto del Callao, en Lima, para luego continuar hacia la isla Puná, en el golfo de Guayaquil, donde abordan la lancha "Rosita", que navegará el río Guayas hasta dar con el puerto de Guayaquil, junto al monumento a Bolívar y San Martín, el primer gesto sentimental que tendrá Pinochet en Ecuador, cuadrándose e inclinando la cabeza ante los héroes americanos.

Pero su más sentido vínculo se gatillaría el 27 de febrero de 1957, cuando ya se había consolidado como un respetado profesor de la Academia de Guerra ecuatoriana, docente de las cátedras de Geografía Militar y Geopolítica, en el viejo Círculo Militar de Quito, de calle Venezuela. Tras ingresar del brazo de Lucía a ese lujoso salón que destellaba por la luz de las lámparas araña y los espejos de marco dorado. Luego de bailar con gracia chilena valses y pasodobles, siempre en dupla con su elegante mujer, escuchó un loure de Bach en las manos de Piedad. La presencia dominante de Lucía por fin se volvió lábil.

"Desde la velada del Círculo Militar, Pinochet preguntó por la pianista. El oficial encargado de la administración, al parecer, le consiguió su número telefónico. Es posible que al oír la voz del militar, Pía [en la novela] no ocultara su emoción. En esos años, Quito era tan pequeña que cualquier invitación a uno de los hoteles céntricos hubiese sido una temeridad. El militar acaso visitó su casa de calle Calama y Amazonas, una zona de villas, jardines y fuentes de piedra. ( ) El mayor Pinochet jamás olvidaría la tarde que habría pasado el umbral de la casa de una sola planta, en cuya fachada ocre crecía una madreselva tupida y fragante ( ) En el cerrado ambiente militar, las bolas no tardaron en rodar. Los rumores iban de cuartel en cuartel, de oficina en oficina.

Decían que el militar chileno se apasionó tanto que el matrimonio estuvo a punto de romperse. Decían que sólo pasaba suspirando por ella. Es posible que en las clases de la Academia de Guerra se aproximara a una ventana para imaginar a la pianista. Quedaron el rumor y el enigma de que Pía tuvo un hijo idéntico al padre.

Otros militares hablaban que él sufría por el dilema de quedarse o viajar a su país al concluir la misión, a finales de 1959. En las unidades castrenses, los chismes persistían. Ella viviría sólo para su hijo, a quien habría llamado Juan, y para su música", detalla la investigación de Byron Rodríguez.

EL SIQUIATRA

No sólo periodística es la obsesión de Rodríguez. A su empeño en cercar al posible nuevo heredero de Augusto Pinochet se suma su historia personal, cronología producto de la cual le ha sido imposible escapar al encanto por todo lo que huela a historias ocultas de la clase militar.

Rodríguez fue cadete del Colegio Militar Eloy Alfaro, entre 1972 y 1979, y es nada menos que sobrino del general Rodríguez Lara, el dictador de centro-izquierda que lideró su país entre 1972 y 1976, período en el cual jamás permitió que Augusto Pinochet pudiera regresar al Ecuador. Menos con honores de Mandatario. Fue el mismo que se negó a enviar militares ecuatorianos para que se incorporaran al Plan Cóndor.

Con esa carga azarosa sobre su espalda, este sabueso quiteño comenzó a lidiar con los costos sicológicos que conlleva toda obsesión: el estrés. Fue así como tuvo que recurrir a un amigo siquiatra para que aliviara sus aflicciones, sobre todo monólogos interiores que siempre terminaban por volver asfixiante la necesidad de desentrañar si realmente había un hijo de Pinochet en el Ecuador.

"Esta novela la he hecho prácticamente en seis años. Ha sido una novela que me agotó muchísimo. Le he ganado horas al sueño, a los fines de semana. Tuve por ahí problemas familiares con mi pareja, y recurrí a un amigo siquiatra Yo creo mucho en el azar, en el destino.

Este siquiatra había estado también en el Colegio Eloy Alfaro por mi época, y cuando yo estaba en su consulta me preguntó qué me pasaba y le conté que estaba muy agobiado con la novela, muy cansado, porque estaba en un punto muy importante, siguiendo la huella del hijo del, en ese entonces, mayor Pinochet. Y él se queda sorprendido y me pregunta qué datos tengo. Le menciono de mis fuentes, de mis contactos, pero le aclaro que me faltan más datos. Y él, sorpresivamente, me dice: Yo te los puedo dar. Yo fui compañero, en la Academia Brasil, del posible hijo de Augusto Pinochet ", rememora el editor del diario "El Comercio", quien agrega que esta academia era dirigida por el coronel Salvador, a quien la leyenda dice que Pinochet le habría encargado el cuidado de su hijo.

-¿Le preguntaste si estaba seguro?
-Me dijo: "Yo no te lo puedo asegurar, porque no tengo el ADN. Pero en la academia siempre se habló de que él era el hijo. Siempre hubo esa leyenda". Y agregó que era muy parecido físicamente. Este siquiatra es una fuente muy confiable, un profesional muy respetado en el Ecuador. Oculto su nombre porque no me ha permitido decirlo. Él me dio los detalles que me faltaban en la novela para armar la leyenda del posible hijo de Pinochet. Me dio los detalles de la casa de la calle Calama. Me dijo el nombre de la posible madre, Piedad, que yo le puse Pía en la novela. Me contó que este chico siempre fue alguien raro, misterioso, como ensimismado.

-¿Por qué no ha ocurrido un encuentro entre tú y el supuesto hijo de Pinochet? Ayuda la mediación de este siquiatra.
-A mi amigo le he insistido, pero sin suerte. Porque me parece una historia fascinante, que tiene que ver con el lado humano de una figura como Pinochet. Le he dicho que me ayude a buscarlo, a encontrarlo. Sólo dice que ha hablado con él, y que éste ha respondido con evasivas. De hecho, mi amigo me confirmó que está leyendo la novela, y que le ha gustado.

-¿Su nombres es Juan, como aparece en la novela?
-Sí, se llamaría Juan. Y sería muy parecido al posible padre.

-¿Existen fotografías que podrían, entre comillas, incriminar por este desliz a Pinochet?
-Sí, las hay. Y creo que existe una fotografía de Pinochet donde aparecería en el monumento de la Mitad del Mundo [en las cercanías de Quito], junto a su supuesto hijo y Piedad.

-La actitud del general Rodríguez Lara contra Pinochet evidencia las diferencias filosóficas que existían entre el Ejército chileno y el ecuatoriano. A tu juicio, y de existir un hijo no reconocido de Pinochet en el Ecuador, ¿esto justificaría su anonimato, su distancia de la familia paterna?
-Yo pienso que sí. Según el siquiatra, él siempre ha tenido conflicto por su padre, sumado a que su mamá sería la supuesta amante de esta historia, quien murió en 2003.

Ahora lo sabe: la sincronicidad con Pinochet siempre lo ha perseguido. Rodríguez vio en persona al dictador en 1994. Siendo un humilde periodista de la sección Política, y a la espera de las declaraciones de algunos connotados, en el hall del Hotel Oro Verde (actual Swiss Hotel), en Quito, se encontró a boca de jarro al militar que salía del ascensor, vestido con traje, como siempre elegante, con una cámara fotográfica colgando de su cuello, y en compañía de una mujer que hoy sospecha Rodríguez era Piedad: ojos miel, pelo ensortijado.

Pero ya lo decíamos, es un hombre de férreas obsesiones. Su próximo libro, que tendrá como contexto la caída del Presidente Jamil Mahuad, ocurrida el 21 de enero de 2000, volverá sobre el rol que jugaron los militares, esta vez tras la caída de la banca ecuatoriana y, en especial, del Banco del Progreso.

Por eso no es raro que, de vez en cuando, Rodríguez vuelva a pedir una cita con su amigo siquiatra, dispuesto a desestresarse, a conversar un rato. Aunque no pase mucho tiempo hasta que le vuelva a preguntar: ¿cuándo podré ver a Juan?

viernes, 5 de octubre de 2007

Todo queda en familia


A raíz de la detención de los familiares de Augusto Pinochet un despacho de Galindolandia, el país del genial Omar Galindo.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Robaron fotos exclusivas de Pinochet



La hija mayor del fallecido dictador Lucía Pinochet Hiriart (en la foto), estuvo en Buenos Aires en marzo. Mientras paseaba por las "cashesitass" de la ciudad, un ratero le robó la cámara de fotos. Lo terrible del asunto -para ella- y sabroso -para los que nos gusta la Ucronía- es que en la máquina tenía guardadas todas las fotos que tomó cuando se murió su padre. Es decir, imágenes del funeral, de las reuniones familiares en la casa de su madre, del duelo, etc.
¿Dónde estará el chorro ese? ¿Habrá alcanzado a darse cuenta la importancia de las fotos que cayeron en sus manos? Seguro las borró, desperdiciando una promisoria carrera de "paparazzo". ¡Todo mal, ché!

martes, 11 de septiembre de 2007

Tres miradas al primer 11-9 sin Pinochet

Tema reiterativo, pegajoso, machacante. Por qué nos sigue interesando. De qué forma es un puntal de lo que somos, de nuestros traumas y actitudes como nación.
Tres reflexiones sobre el 11-9 chileno.

El miedo (Pablo Azócar)

Todos queremos olvidar el 11 de septiembre. El impulso más animal e instintivo nos incita a ello como higiene mental. Cada año repetimos lo mismo: basta, superemos el pasado, miremos hacia adelante. Ha transcurrido un tercio de siglo, todo un capítulo en la historia, un tremendo pedazo de nuestras propias vidas. Y nada. No podemos.

Allende la cordillera (Alejandra Costamagna)

Yo no conocí a Allende. Dice mi madre que lo conocí, que ella me llevó sobre sus hombros a más de una concentración donde habló Allende. Pero no me acuerdo. Con el tiempo, sin embargo, fui haciéndome una imagen muy precisa y delineada sobre el personaje. Que le dijeran el Chicho ya lo hacía buena tela.

Ya basta de 11 de septiembre ( Alejandro Kirk)

Quien debe conmemorar el 11 de septiembre es la derecha. Fue su golpe, ellos ganaron, acabaron con todo y en pocas horas generaron un cambio que se mantiene vigente hasta hoy, como lo simboliza el nombre de una de las avenidas más importantes de Santiago.

domingo, 15 de abril de 2007

Patricia Matte, la guardiana del lucro

Todo el poder de la mayor del clan Matte y cómo la Alianza la convenció para salir a la pizarra en su cruzada contra la reforma de la educación.
























LA SOSTENEDORA DE LA ELITE

A caballo de la Sociedad de Instrucción Primaria, uno de los grupos de colegios sin fines de lucro más exitosos del país, Patricia es el mayor referente de la Alianza en educación. Junto a sus hermanos Eliodoro y Bernardo, representan el poder en estado puro y saben cómo ejercerlo para imponer su hegemonía. Desde el CEP, la Papelera, influyen políticamente y marcan la agenda pública. Por algo son los Matte. Y en su cruzada contra la reforma a la educación, “Pati” quiere demostrarlo.

Por Miguel Paz y Felipe Saleh / La Nación Domingo (15 de abril de 2007)

Patricia Matte Larraín no quería aceptar la invitación. Pese a los insistentes llamados hace tres semanas del presidente de la UDI, Hernán Larraín, la mayor de los Matte, casada con el empresario Jorge Gabriel Larraín y madre de cuatro hijos, estaba reticente a formar parte del “gabinete en las sombras”, ideado por el gremialismo y RN para “marcar” al Gobierno en todos los frentes ministeriales. La invitación era obvia.
A sus 64 años, la socióloga que en la dictadura diseñó junto al gremialismo las políticas sociales de Pinochet, es una experta en temas de pobreza y educación. También asesoró en esa materia a Joaquín Lavín en sus dos fallidas postulaciones a la Presidencia. Por su labor a la cabeza de la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP), una red de 17 exitosos colegios particulares subvencionados conocidos como las “escuelas Matte”, el nombre de Patricia es el único que genera consenso para ser ministra de Educación de un hipotético gobierno de la Alianza. El otro es el del historiador Gonzalo Vial, descartado por su avanzada edad.
Por eso, ante la negativa de Patricia al senador de la UDI se sumó a las gestiones el presidente de RN, Carlos Larraín. El asunto se trató con calma en dilatados diálogos, donde Larraín le expuso a la profesional el peso técnico que le otorgaría al comité su presencia. Patricia escuchaba con anuencia los argumentos de Larraín, un fiel representante de la antigua oligarquía, y sonreía sin aceptar explícitamente la propuesta, como lo hace siempre que le dicen que es la mujer más poderosa del país.
Eso hasta que el lunes, la Presidenta Michelle Bachelet anunció la enmienda a la LOCE y el fin del lucro en los colegios particulares subvencionados.
Ahí a Patricia Matte le cambió la cara y la Alianza encendió todas sus alarmas. El dispositivo para frenar la iniciativa de Bachelet tenía que activarse de inmediato. Fue entonces cuando ella accedió a ser el rostro emblemático de esta embestida. Su trabajo en las “escuelas Matte”, consideradas un paradigma de buena gestión, la avalaban, y el martes hizo sentir su descontento. Sentada en medio de los dos Larraín, Patricia Matte dio cuenta de lo “nefasto” del proyecto. “No sé si esto es un poco para darle gusto a los jóvenes y que no salgan mañana a las calles, junto con los problemas que ha tenido el Transantiago”, dijo la investigadora del think tank Libertad y Desarrollo, quien en marzo de 2003 arremetió contra el proyecto sobre jornada escolar.
En aquella ocasión afirmó que sus normas no sólo limitarían al máximo la acción de los colegios, sino que “pueden afectar hasta la subsistencia misma de la enseñanza pagada”. Siempre remarcando el tema económico, alertó además sobre la posibilidad de que los colegios calificados como “no vulnerables” quedaran sin acceso a los fondos con la nueva jornada escolar completa. Y se opuso a las restricciones para la selección de alumnos. Coherente a su línea de pensamiento, el martes dijo que se opone al proyecto de ley que reemplazaría a la LOCE. “Terminar con la selección y con el lucro, definitivamente, no tiene que ver con mejorar la calidad de la educación”. Y subrayó su temor a que desaparezcan colegios de excelencia sólo porque “familias financien su vida por tener un muy buen colegio”.

LA PAPELERA NO, LUCRO SÍ

Con sus palabras, la mayor de los Matte dio el vamos a un debate que, bajo la inocente apariencia de ser una discusión técnica, esconde una batalla ideológica por el viejo temor de la derecha al fantasma de la estatización de la UP. El mismo fantasma que vio el padre de Patricia, Eliodoro Matte Ossa, cuando Salvador Allende quiso expropiarle la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), conocida como la Papelera, y Matte Ossa levantó el eslogan “La Papelera ¡no!”, que pasaría a la historia como la frase más ilustrativa de la derecha económica de un período que marcó a fuego a los hermanos Patricia, Eliodoro y Bernardo Matte Larraín.
Tres décadas después de la UP, los Matte son el clan más emblemático e influyente del país. El segundo grupo económico, liderado por Eliodoro, se vincula religiosamente a los Legionarios de Cristo y extiende sus redes transversalmente desde la oposición al Gobierno, a través de una de las instituciones clave de referencia del establishment político e intelectual: el Centro de Estudios Públicos (CEP). La institución, el “chiché” de Eliodoro, lidera el análisis intelectual y hace sudar a la clase política cada vez que se anuncian los resultados de sus encuestas de opinión.
Definidos, al igual que los Kennedy en Estados Unidos, como lo más cercano en Chile a una familia real, este clan se distingue también por su austeridad. Un reportaje de “Caras” daba cuenta de ello el año pasado, indicando que ninguno de los tres hermanos vive en casas que puedan reflejar su fortuna (avaluada por el ranking “Forbes” 2007 en 2.700 millones de dólares). “La de Patricia está en Vitacura, en el sector de Lo Matta. Eliodoro y Bernardo viven, como su madre, Marita Larraín, en La Dehesa, todos en la misma calle. No conducen autos llamativos. Patricia tiene un Volvo, Eliodoro un jeep BMW y Bernardo una Pathfinder”.
Otra característica de los Matte, que los diferencia de otros grupos influyentes que concentran un porcentaje relevante del PIB, como los Angelini o los Luksic, es su discurso social. “Algo que para algunos parece incongruente, pero que en la práctica los convierte en una de las familias empresariales más activas en el rol público, y los diferencia de sus pares por un ‘sello’ particular orientado a la filantropía”, escriben las periodistas de la UDP Claudia Esquivel, Paula Neiman, María José Puhlmann y Carla Zunino en su tesis de grado “Familia Matte Larraín: Tradición, fortuna y dicotomías”, una investigación académica sobre los Matte.
“Hablar de la familia Matte Larraín en Chile, no es hablar de cualquier cosa”, añaden las periodistas. “Son preponderantes al momento de orientar las políticas públicas de Chile. Su criterio es escuchado y tomado en cuenta por los gobiernos de turno. Sus ideas acerca de cómo se debe desarrollar la sociedad son vitales a la hora de definir los lineamientos fundamentales del ideario colectivo”.
Algo de eso tiene la cruzada de Patricia Matte contra la reforma educativa: influir mediante todo el peso de la familia en una cuestión estratégica para la derecha. Ella sabe cuánto pesa y lo hace sentir. Lo reflejó en una entrevista que concedió a las jóvenes tesistas: “Yo creo que tenemos harto poder. El poder se genera de distintas formas. Se genera por las empresas a las cuales uno tiene acceso, que ocupan a más de 10 mil personas ,y eso es un poder; hay poderes para hacer cosas positivas como ésa. También el poder de influir; entonces, cuando uno habla, habla públicamente o dice algo, tiene que tener un cuidado enorme porque tiene influencia”.
Y desde la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP), fundada en 1856 por su tío bisabuelo Claudio Matte Pérez con el lema “¡guerra a la ignorancia!”, y la Fundación Los Nogales, su creación más preciada, pretende defender el statu quo de la educación particular subvencionada. Como asevera un influyente miembro del Comité Asesor de Educación en el que también participó la profesional: “Obviamente llama la atención que sea ella, una persona que mantiene un proyecto educativo sin fines de lucro, la llamada a defender el lucro en la educación. Pero si asumes que la educación es uno de los campos de lucha por la hegemonía de un punto de vista político en la sociedad, te hace sentido”.

LA NIÑA DE LA CASA

La mayor de la prole de Eliodoro Matte Ossa y Javiera Larraín creció “como regalona. Ella era la niña de la casa”, cuenta una amiga en la citada tesis universitaria. Educada en el Villa María Academy y en las Monjas Inglesas, sorprendió a sus progenitores cuando entró a estudiar Sociología en la Universidad Católica. No porque dudaran de su intelecto, más bien porque a su padre nunca le preocupó que se dedicara a una profesión, porque “era mujer”. En varias entrevistas ha contado cuánto le impresionó su primer día de clases, un día después de que Allende asumiera como Presidente de la República en 1970, recordando que en la entrada un compañero le preguntó: “¿En qué lado de la barricada vas a estar ahora, en el del pueblo o en el de la oligarquía?”. “No puedo contestar exactamente dónde estoy yo, porque no me siento ni de aquí ni de allá”, le respondió.
En su interés por la sociología influyó su temprano acercamiento a la pobreza, “cuando era chica, chica”, confesó a Raquel Correa en una entrevista en 1985. “Mi mamá siempre ha trabajado con centros de madres en poblaciones (…) Me llevaba a Los Areneros, abajo en el río Mapocho, en pleno Las Condes. Y mientras ella trabajaba en el centro de madres, yo jugaba con los niños pobres. Iban a mi casa, yo iba a la casa de ellos”, dijo.
De los tres hermanos, ha sido Patricia la que encarna la “responsabilidad” de su familia con los desposeídos.
En 1975 entró a trabajar en el Departamento de Estudios de la Oficina de Planificación (Odeplan). Estuvo diez años colaborando en el diseño de planes sociales para el régimen militar. En esta mítica repartición estrechó vínculos con Miguel Kast, emblema del gremialismo, y Joaquín Lavín, a quien públicamente apoyó en las elecciones de 1999. En 1985 se hizo cargo de la Secretaría de Desarrollo y Asistencia Social (Sedas), desde donde mantuvo línea directa con Pinochet. La mayor de los Matte Larraín fue muy útil al Gobierno. Elaboró soluciones para “el mapa de la extrema pobreza”, pero, mejor aún, sirvió de enlace entre la dictadura y los empresarios, fueran de la vieja guardia como su padre y su tío Ricardo Claro, o “Chicago Boys” como su hermano Eliodoro y su marido, Jorge Gabriel Larraín, conocido como el “otro Matte” por su brillantez para los negocios.
Tanta era su sintonía con los hombres de negocios, que en septiembre de 1987, a un año del plebiscito, juntó a Pinochet con lo más granado de la casta empresarial en el Club de la Unión.
El encuentro secreto dejó muy contento al general, al punto que Guillermo Garín, jefe de la Casa Militar, envió notas de agradecimiento a cada uno de los asistentes. Testigos aseguran que en adelante y hasta el fin del Gobierno circularon sobres del Sedas con dineros para el incipiente trabajo poblacional del gremialismo, a cargo de los entonces jóvenes Luis Cordero y Pablo Longueira.

LIBERTAD Y DESARROLLO

Si hay algo que conocen los Matte es su lugar en el mundo: la cima. Desde ahí han dejado clara su posición ideológica, cercana a la derecha profunda, pese a declararse “librepensadores”; asistencialista, y por encima de los partidos políticos. En la tesis de las periodistas de la UDP antes mencionada, un ex ejecutivo de Canal 13, que trabajó con Patricia cuando ella integró el Consejo Asesor de la estación católica, dijo: “El discurso sociológico de la Patricia es el discurso medio fascistoide de que hay una elite que tiene una responsabilidad que, no sé, se la dio Dios. Si tú indagas un poco, hasta son capaces de decir que es genético”.
Patricia Matte, en 1990, ayudó a crear Libertad y Desarrollo, el think tank de la UDI, en el que se mantiene como consejera. Joaquín Lavín la nombró como ministra de Educación durante su campaña presidencial. En realidad, ella siempre ha sido la carta del sector para ese puesto. Cuando le preguntaron si aceptaría dijo: “¿No creen que estoy muy viejita?”.
“Mi padre siempre nos dejó claro que éramos privilegiados y que debíamos retribuir lo que se nos había dado con trabajo y esfuerzo”, indicó en otra ocasión. En efecto, las 17 escuelas que administra la SIP le han dado la sólida reputación que tiene en el rubro y que quedó expresada esta semana cuando apareció sentada al medio de los líderes de la oposición, Carlos y Hernán Larraín, rechazando el artículo 44º de la Ley General de Educación, más conocido como el “fin del lucro”.
Por eso, cuando Patricia Matte habla en el Consejo Asesor de Educación es imposible omitir que es la elite más conservadora la que habla. Profundamente católica, es cercana al movimiento de los Legionarios de Cristo, a través de la amistad del clan con el sacerdote de esa orden John O’Reilly. Pertenece al consejo que asesora a la Fundación Familia Unida, preocupada por conservar la estructura clásica de familia. Igual que la suya, donde, por “ser mujer” y volcarse al área social, no se dedicó a los negocios como sus hermanos, salvo por un campo cerca de Los Vilos, donde produce aceite de oliva.
Como egresada de la Universidad Católica y encarnación perfecta del perfil que orienta a esa institución, fue elegida en 2000 como integrante del Consejo Asesor de Canal 13. Hasta ese momento, prácticamente no veía televisión y su pasada por las comunicaciones la mantuvo “angustiada”, según ella misma reconoció. El canal, bajo la dirección ejecutiva de Enrique García, quiso tomar un rumbo menos conservador que le hiciera sintonizar más con la audiencia y así revertir las millonarias pérdidas. Lo logró hacia 2003 con la teleserie “Machos” y el reality “Protagonistas de la fama”.
Y aunque Patricia Matte dio su beneplácito a esos programas, públicamente criticó las orientaciones del canal. “Hay cosas que me disgustan de Canal 13 tremendamente. No puede ser que Ítalo Passalacqua haya contado la historia de su homosexualidad en dos programas, lo mismo, repetido y con todo detalle. Si uno está tratando de hablar del tema de la homosexualidad con respeto, no me interesa saber ¡dos veces! por qué este señor se transformó en homosexual. Encuentro que es totalmente fuera de lugar que el Canal 13 lo haga”, dijo en una entrevista a “El Sábado”, donde afirmó que “los niños no deberían ver ‘Machos’ solos”.
Patricia Matte, en Canal 13, tuvo su primera batalla ideológica. Y la ganó a medias. Luego del escándalo por la entrevista a Gemita Bueno, se alejó del Consejo Asesor. “Recubierta con mucha finura y mucha elegancia, ella es intransigente. Lo que ella cree no tiene discusión”, dijo Christian Fuenzalida, ex subdirector de Prensa del canal Cristián.
De trato afable y atuendo sencillo, Patricia Matte hasta antes del Transantiago se movilizaba en Metro. “Me encanta saber lo que está pasando en todos lados. Por eso encuentro súper sano que uno se suba al Metro y vea cómo está el común de los chilenos, desde cómo están vestidos hasta si están alegres, o están desesperados, si están histéricos”, comenta a sus cercanos.
La rama fundada por Patricia Matte sirve de evidencia para demostrar que los vínculos de la familia no se limitan a la derecha tradicional. Su marido es tío de Claudio Orrego Larraín, el alcalde DC de Peñalolén. Su hijo Jorge es casado con la hija mayor del ex ministro de Hacienda Eduardo Aninat.
Los vínculos llegan hasta el corazón del laguismo a través del empresario Máximo Pacheco Matte, hijo de Máximo Pacheco y Adriana Matte Alessandri, que nació del matrimonio entre Arturo Matte Larraín y Rosa Ester Alessandri Rodríguez, la hermana del ex Presidente de la República y de la Papelera. Ellos fueron primos hermanos de Eliodoro Matte Ossa, el patriarca de la familia que forjó una fortuna rankeada en “Forbes” que tomó el control de la CMPC gracias a su habilidad especulativa en la bolsa.

*Bonus track: ¡Qué se creen estos Matte!